Darío – ITAM, San Ángel

¿Quién? Darío
¿Dónde vive? Polanco
¿Qué nos cuenta?
Me encontraba en la biblioteca de mi escuela, el ITAM de Río Hondo, en donde comúnmente hay una gran cantidad de gente en completo silencio, por esa razón fue muy fácil darse cuenta del movimiento. En el primer momento que el edificio empezó a moverse, todos alzamos la vista de los escritorios y nos miramos mutuamente con el mismo pensamiento de terror. Medio segundo después, comenzó el sonido de la alarma sísmica, pero para entonces el movimiento ya era bastante agresivo. Cuando pudimos reaccionar, corrimos despavoridos hacia la escalera principal de la biblioteca; yo erróneamente hice lo mismo, aunque regresé unos pasos tras tomar la decisión, aún no sé si inteligente o estúpida, de tomar mi teléfono. Cuando ya estaba a mitad del pasillo para llegar a la escalera, las puertas se cerraron automáticamente, incrementando el pánico y la desesperación de la gente. La razón por la que las puertas se cerraron es que hay unas escaleras especiales para emergencia, pero todos las olvidamos en ese momento. Regresamos corriendo hacia la salida de emergencia mientras se caían libros y se oían vidrios romperse, las luces fallaban, el movimiento era intenso y hacia arriba, por lo que era difícil caminar, toda esta atmosfera creó en mi mente una sensación indescriptible que combinaba miedo y desesperación. Esta sensación común en un terremoto, esta vez era mayor, puesto que a pesar de haber vivido toda mi vida en la Ciudad de México nunca había sentido uno tan fuerte y violento. Finalmente, salimos, aunque bastante tarde porque aún en las escaleras nos detuvieron hasta que paró el movimiento. En ese instante, ya estaba más tranquilo, aunque con una preocupación enorme por mi familia; inmediatamente recibí un mensaje de mi mamá y me tranquilicé, sin embargo, no podíamos localizar a mi hermana menor. Después de eso, fue el momento de ponerse a ver todo lo que había pasado en Twitter, gracias a lo cual comprendí la magnitud del terremoto: videos de edificios caídos y gente pidiendo desesperadamente ayuda. Esta sería la tónica a lo largo de muchos días después de la catástrofe. Tras localizar a mi hermana, mi mente finalmente se despejó, y es cuando empecé a reflexionar sobre la tendencia que tenemos a ignorar o hasta cierto modo trivializar las experiencias de aquellos que han vivido este tipo de catástrofes anteriormente. Esto se puede ejemplificar con la apatía con la que todos salieron en el simulacro realizado horas antes ese mismo día. A veces pareciera que todas estas catástrofes son lejanas a tu realidad, e incluso algunos se atreven a hacer bromas sobre ello, hasta que lo vives. Este terrible suceso marcará a mi generación por el resto de su vida, de lo que no cabe duda es que tendremos más presente la importancia de la cultura de la prevención, en todos los sentidos.