Cecilia Trevilla – CENART

¿Quién? Cecilia Trevilla

¿Dónde vive? Iztapalapa

¿Qué nos cuenta?

«Va a haber simulacro a las once(…)  diecinueve de septiembre», me dijo Carlos. Decidí tomarme el camino a clase con calma, iba un poco retrasada, pero total… el simulacro me tocó cerca de una primaria; todo un éxito, los docentes daban instrucciones claras y los niños no hacían tanta alharaca.

Yo iba en mí, creo que me estaba fumando un cigarro,  mientras pensaba que no estaba tan preparada para dar una exposición acerca de Gauguin y Van Gogh…  sería la pura chorcha, que qué irresponsable sería si temblara y fuera fumando, que qué horrible había sentido el siete-ese, que ojalá no temblara otra vez y que qué impotencia la negligencia.

Llegué a la escuela y todavía me di el lujo de pasar por un té de canela para la ronquera. El simulacro había durado unos treinta minutos. Después entré con mis compañeros a la clase de Doring; estaba tensa porque mi compañero no había llegado y no podría exponer. Bueno, pues Doring siguió hablando como lo podría hacer siempre.

Tomé té. Salté. Me pregunté qué había sentido, si otros también lo sintieron. Está temblando. Dijo Orlando y se levantó, lo vi levantarse y me levanté, di los pasos más agigantados de mi vida, en mis manos tenía el té, el celular y una pluma.

Cómo puedo sostener esto en mis manos si todo se sacude. Me paré en seco cuando otros se pararon ante las torres administrativas del CENART. Caían piedras, se cayó el puente que unía una con otra. Me enteré después. No me detuve a verlo. Corrí, aferrada a al celular. Todos los nombres de los que quiero. Corrí aferrada al té; bueno, necesito calmarme, y una pinche pluma que me cambié de mano cuando vi que Orlando también venía corriendo. Nos abrazamos y corrimos. ¿Estas bien? No mames. Sí. ¿Tú estás bien? Nos alegramos. Nos seguíamos moviendo.

Nos concentramos entre Música y La Esmeralda. Vi a David, lo abracé, a Felipe, lo abracé, a Koko, la abracé, Larissa y Zoila me abrazaron… Todos nos abrazamos. Pensaba en los que quiero. No fumen. Nos decían. Puede haber fugas de gas. Les valió. Que no fumes. Los regañé. No había señal, no había tenido señal como una hora y aún no dimensionaba el acontecimiento; aunque una chica gritaba que se habían caído edificios en la Condesa.

Dos personas por grupo entraron por nuestras cosas. Ya nos queríamos ir, estar y ver nuestras casas y a nuestras personas. Pero no sabíamos cómo.

Di vueltas. Bueno, ya me voy. Sólo me había podido comunicar con Lucrecia y Carlos. Estaban bien, aunque algo se cayó. Que porque es de adobe, me dijo. Di vueltas. Bueno, ya me voy, le dije a nosequién. Vi a Gastón y me acordé que somos vecinos. Vámonos. Le dije. Esperamos en la parada el camión. Todos llenos. Rodrigo logró comunicarse conmigo. ¿Estás en el CENART? Nos encontramos. Satya y Dulaan estaban asustados, pero bien. Vamos a ver a Moppi. Fuimos. Llegamos. Moppi se había cagado, Rhea, la gata, estaba nerviosa detrás de un sillón, nada más.

La señal se iba. Llegó Carlos. ¿Cómo están?¿Cómo estás? Vamos a comer. No hay gas. El transformador en la calle se ladeó. Fuimos afortunados. Mucho. ¿Qué quieren de beber? No, pues yo sí una cerveza. Bueno, pues yo también. Yo un agua. No hay agua, ya tómese una cerveza, ¿no ve que ya se va a acabar el mundo? Está bien.  Los tres tomamos cerveza. Sinvergüenzas. Me di cuenta que mi familia estaba completa. Otras no.

Me ocupo de lo que puedo. Veo cómo otros se ocupan también.  Me enorgullezco de ellos. Me inspiran a hacer lo correcto. Les digo que los quiero a quienes quiero. Quiero que estemos bien. Me seguiré ocupando. Por las mujeres de Chimalpococa, las trabajadoras, las víctimas del Estado. Ese averno.

Pero estamos haciendo, seguimos siendo y vamos a reconstruir con memoria.

¿Dónde estaba?