Elizabeth Martínez – Constituyentes

Quién: Elizabeth Martínez

Dónde vive: Polanco

Qué nos cuenta:

Comencé mi día un poco apresurada, tenia entrega de foto y me faltaban algunos toques finales para mi carpeta, mi clase iniciaba a las 11:30 en el salón 108 primer piso por suerte, al llegar al salón todos estaban dispersos, esperando las indicaciones del profesor; al parecer resolveríamos una activa nueva y la entrega de carpeta se postergaría para antes del termino de la clase; en fin, cuando el profesor volvió se apresuró en acomodar el equipo de iluminación, y en construir un escenario de lo que debíamos de hacer, para exponérnoslo, y de inmediato todos nos acercamos a prestar atención a lo que nos explicaría. Mientras hablaba de lo que debíamos de hacer como tarea, yo tome un video como lo suelo hacer para resolver mis dudas en caso de que llegue a olvidar algo; después de que explicó la tarea, la mayoría volvimos a nuestros asientos y otros se encontraban de pie resolviendo dudas, cuando de pronto se sintió un tirón que provenía de los cimientos del edificio, todos nos agitamos como dentro de una caja en movimiento, voltee intercambiando miradas con algunos de mis compañeros y fue ahí cuando confirmé que se trataba de un terremoto, de pronto se escuchó la voz de Pauvka diciendo en voz alta con un tono muy serio “salgan todos, diríjanse a las escaleras, con cuidado”; inmediatamente reaccione y le dije a mi amiga Ana quien se encontraba a unos pasos, que se apresurara, pero a ella no le preocupó en absoluto después de que se lo mencioné en mas de dos ocasiones con una voz preocupante, decidí irme y me apresure caminando en cierto orden; a la mayoría de mis compañeros no les importo las normas de seguridad que tenían que acatar en esa clase de situaciones, pues todos pasaron por alto el hecho de que el diseño de las reconocidas por su bonito pero ineficiente diseño en caso de emergencias escaleras de “Centro” conllevaban un riesgo mayor por su posible facilidad de desplomarse primero que nada; mientras que yo decidí recorrer todo el pasillo hasta llegar a las escaleras mas seguras, esta parte del transcurso fue un poco divertida admitiré, pues en el momento donde yo volteé y vi que la gran parte de mis compañeros bajaron por las escaleras mas cercanas pero menos confiables ya mencionadas, les dije: “¡hey por esas escaleras no!” pero todos en un arranque de supervivencia y sordez ante la situación, se negaron y continuaron su camino.

Al voltear me encontré con Alonso, compañero y amigo mío, con el que decidí compartir mi decisión y con solo decirle, “ni loca bajo por ahí”, él me afirmo con un gesto y una risa un tanto burlesca que no era una opción, entonces seguimos caminando con una velocidad considerablemente veloz, el pasillo se convirtió en un tipo campo de guerra, donde por un momento decidimos detenernos y cubrirnos ya que se escuchaba el retemblar de todos los cristales y el crujido de las lamparas meciéndose con fuerza. Él me recordó en tomar una postura donde la espalda debía de inclinarse y donde debía cubrirme la cara con el brazo, en caso de que algo nos cayera; me tomó de la mano y me dio un impulso para continuar, pero no pude avanzar, lo sujeté dudando sobre si esa seria la mejor elección, fue un momento en el que intercambiamos risas ya que no dejábamos de jalonearnos tratando de tomar una decisión, al menos yo nunca había pasado por una situación tan inesperada y de tal magnitud. Compartirla con alguien, me ayudo a enfrentarla de una manera mas relajada; entonces decidí pasar por esa zona caótica a su lado, nada se nos cayó y nada se rompió, llegamos, y cuando pasamos a la parte donde lo único que quedaba era bajar de las escaleras, nos encontramos con un montón de alumnos, alumnos que seguro vendrían de los otros cinco pisos que conformaba el edificio c, al llegar al jardín todo parecía haber acabado, Alonso se había zambullido a buscar a un amigo; se nos pidió formarnos en hileras para iniciar el conteo de todos los alumnos; mientras esperaba me encontré con dos amigas que me mostraron un video que fue subido a las redes sociales de no hace menos de 5 minutos, en el que muestran como un edificio ubicado en la Roma a unos cuantos kilómetros de avenida Constituyentes donde se encontraba la universidad, se derrumbó; mi expresión cambio y mi mente entre tanto ajetreo recordó que mi hermana, quien estaba en la escuela, un edificio de más de ocho niveles, sin patio o una clase de protección, bajé la mirada a ver mi celular, era un mensaje de ella preguntándome si me encontraba bien, agradecí a dios, mi hermana al parecer estaba bien, le respondí de inmediato y después contacté a mi mamá, la red estaba saturada, decidí enviarle un mensaje, esta clase de situaciones la ponen muy mal, ella paso por el del 85 el mismo día, el mismo mes, diferente año y hora, en que ocurrió este, claro que quería saber si se encontraba bien junto con mi hermano, quien seguro estaba cerca de ella; con mi padre también me comuniqué, al parecer todos se encontraban a salvo. Sabiendo eso me tranquilicé un poco y esperé a que nos dieran las indicaciones después de este acontecimiento. Una parte de mi no dejaba de pensar en que se escucharían sirenas todo el día, y en las personas que podían haber quedado dentro de ese edificio y ahora en los escombros del mismos, o que ese no fuera el único edificio en caerse o aun peor, que hubiera una réplica; mis pensamientos fueron interrumpidos cuando de pronto se escucho el megáfono, nos informaron que el sismo había sido de 7.1 escala richter y que subiríamos por nuestras cosas por niveles, primero los de primera y segunda planta, entonces me dirigí por mis cosas al salón, cuando terminé bajé al jardín y me quedé un rato meditando y conversando con algunas amistades, sabia que tenia que ir a casa a ver a mi familia, pero también sabia que no quería contribuir al trafico de la ciudad, mucho menos si las ambulancias necesitaban de un mejor flujo, con mayor importancia, decidí ser prudente, después de una hora decidí emprender camino; baje al estacionamiento y pedí mi auto, observé y como ya esperaba Avenida Constituyentes apenas avanzaba; llegó la camioneta y rato después yo llegué a mi casa donde mi mamá me esperaba, vi su rostro, estaba relajada. Al llegar a la estancia, mi hermana empezó a contarme su historia sobre lo ocurrido, ella se encontraba en un quinto piso, y cuanto mas narraba yo notaba lo difícil que fue para ella pasar por eso, y para mi mamá escuchar esto y pensar que es indignante el diseño de una escuela sin un patio para mantener a sus alumnos a salvo, ya que los tuvieron que evacuar de la institución, fue alarmante escuchar eso. Al final de ese largo día después de habernos informado de los desastres que el sismo provocó y seguía provocando decidimos descansar y dejar que todo lo malo se fuera, toda clase de pensamientos que no ayudaban. Siendo honesta casi no dormí y no sabia si hacer tarea o no, sabia que eso era lo menos importante, el plan para la mañana siguiente solo era ayudar.

¿Dónde estaba?