Elizabeth Torres – Centro Histórico

¿Quién? Elizabeth Torres

¿Dónde vive? Ciudad de México

¿Qué nos cuenta?

Me encontraba en el Mercado 2 de Abril, en la colonia Guerreo. Por la mañana hicimos el simulacro respectivo, todo en calma, la gente del mercado ni siquiera se había tomado la molestia de salir.

Al momento del sismo estábamos en reunión de obra, soy arquitecta, era la única mujer que quedaba (dos compañeras más se habían retirado hacía algunos minutos), el resto eran hombres, seis o siete, no recuerdo bien… a la fecha esos momentos son borrosos. Estaba leyendo la minuta, concluyendo la reunión, cuando sentí que la mesa vibraba, para ese momento alguien ya había dicho «esta temblando» y todos habían comenzado a desplazarse hacia las escaleras, creo que yo estaba en shock y solo actué haciendo lo que los demás, ni siquiera recuerdo haber estado consciente aún de la magnitud del temblor en ese momento, fui hacia las escaleras (metálicas, muy inclinadas, ya de por sí peligrosas en un día normal) y no podía bajar porque el movimiento era muy fuerte, en ese momento vino a mi mente mi bebé que estaba en la guardería a kilómetros de distancia de mi, y pensaba qué estaría haciendo, y cómo estaría, sentí una angustia terrible y comencé a hablar en voz alta «mi niño» alguien atrás de mi, me decía que no bajara, y alguien no sé si esa misma persona decía algo sobre los vidrios, teníamos un ventanal de 10 metros de alto tras nosotros; esperé unos segundos y cuando lo creí posible bajé, no sé cómo, cuando llegué a la calle toda la gente ya estaba afuera, aún temblaba, los autos se movían, y una nube de polvo se vio en la esquina, se escucharon gritos, había una mujer en la entrada del mercado que era contenida por otras personas porque estaba muy nerviosa, lloraba, prácticamente tirada en el suelo… Yo estando ya con mis compañeros comencé a decir que me tenía que ir, que debía ir por mi bebé, quería volar, abrazarlo, protegerlo, supongo que me puse tan nerviosa como la señora de la entrada porque me empezaron a decir que me calmara, que aún temblaba «mira como se mueven los coches, espera a que pase», en cuanto paró salí corriendo, aún no entendía la magnitud de lo sucedido, tomé mis cosas personales, las llaves del coche y me fui, no quise tomar las calles del centro y preferí dirigirme por Reforma, tenía que llegar a la Del Valle.

Toda la gente se encontraba ya fuera de los edificios, el primer tramo fue aún fácil de recorrer, para cuando llegué a la estatua del caballo ya comenzaban a haber cortes a la circulación. En total fue un trayecto de dos horas, no sentí el tiempo transcurrir, hasta horas después que tomé conciencia, en ese momento yo solo quería atravesar la ciudad, cada vez había más gente caminando, cientos de coches en la calle,  y el tráfico cada vez más pesado; yo pensaba en bajarme del coche y caminar, pero la distancia aún era larga, para ese entonces mi esposo ya se había comunicado conmigo y con la guardería y me había avisado que mi hijo estaba bien, pero yo tenía que llegar con él, pasaba por mi mente que podrían haberme mentido.

Llevaba el radio encendido y ya escuchaba sobre los edificios que habían caído y cómo la gente ya estaba ayudando, yo quería hacer algo pero no podía en ese momento. Afortunadamente amigos y familia me acompañaron por whatsaap en el trayecto, a ellos les replicaba lo que escuchaba en el radio y lo que veía… a la altura Álvaro Obregón ya era muy difícil transitar por Cuauhtémoc, hubo un tramo en que alguien indicó que podíamos avanzar por el carril del metrobús y lo hice, más adelante di vuelta para pasar por la doctores, tomando calles en sentido contrario, infringiendo todas las leyes posibles.

En el trayecto cuando uno de los reporteros narraba  de manera emotiva como ya estaban sacando personas de los escombros y mencionó la coincidencia en la fecha con el otro 19 de septiembre, ahí fue cuando «me cayó el veinte» entonces entendí que la situación se estaba repitiendo, una absurda coincidencia.

Por fin llegué por mi bebé, las maestras se veían aún asustadas, entonces mi alma respiró, lo abracé, ofrecí ayuda y salimos, no sabía qué hacer, no quería subir a mi casa, vivo en un quinto piso, muy cerca de Tlalpan, así que no sabía cuál era su seguridad. Nos quedamos un rato sentados en la banqueta, terminando de recuperar el aliento perdido dos horas atrás. Mi niño ni siquiera se enteró, mejor… por la tarde llegó mi esposo, el subió a revisar, todo bien en apariencia, pero yo no quise subir… sin luz en la ciudad, quisimos ayudar llevando algo, en el radio indicaban que hacían falta lámparas, baterías, agua, pero todos los supermercados estaban cerrados, incluso los Oxxo, tras peregrinar solo conseguimos dos garrafones de agua que nos recibieron a la altura de Gabriel Mancera, esa noche apenas dormí unas horas. Por días no se ha hablado de otra cosa que el temblor, a casi dos semanas, esta ciudad apenas comienza a recuperar un poco la normalidad, sin embargo aún nos falta tramo por recorrer, muchas reflexiones han pasado por mi cabeza y aquí encuentro un espacio para dejar descrito parte de lo que sucedió.

¿Dónde estaba?