Guillerno Abenuz – Toreo

¿Quién? Guillerno Abenuz

¿Dónde vive? Tlanepantla

¿Qué nos cuenta?

Ya de por sí la Ciudad de México se ha convertido en algo así como un tianguis gigante. Todo el día todos los días es ver gente desplazándose por todos lados. Ese día me desperté a las 5:45am para tomar sólo dos micros que me dejan en la Torre C de Parque Toreo. Siempre voy semi-dormido y esta vez no fue la excepción. Unos minutos después en Periférico nos detuvo un retén de policías municipales. Se subió un oficial y nos indicó a los hombres que nos bajáramos del camión pues harían una revisión de rutina. Yo ya venía estresado pues el trabajo y la estadía en México no han sido fácil. El año pasado viví en Zapopan, Jalisco, mi trabajo quedaba a diez minutos de mi departamento y la vida era simple. Pero por motivos de fuerza mayor me regresé esperando amar de nuevo mi querida Ciudad de México. Los policías estaban buscando armas y no se metieron con nadie. Nos revisaron sistemáticamente y rutinariamente. Yo ya estaba al borde del colapso. Algo tienen los policías que me recuerdan a los delincuentes o peor. Son un mal necesario. Me toma una hora y media recorrer quince kilómetros. El periférico es inoperante. No importa la hora estamos a vuelta de rueda. Yo seguía pensando en lo absurdo que es un retén de policías a esa hora. En fin llegué a mi trabajo en el piso doce. Mi trabajo es atender por teléfono a la gente latina que vive en Estados Unidos y no es nada fácil pues me tengo que asegurar que reciban un servicio de mi parte de alta calidad. Atención personalizada, soluciones adecuadas, demasiada cortesía y empatía. No es fácil, no se les puede dar gusto a todos. Me tomé un momento a la hora de mi lunch para jugar billar. Y ahí tembló. Lo primero que pensé fue que iba a ser rápido como todas las veces que me ha tocado que tiembla. Éramos dos chicos y yo en la sala de billar y uno dijo está temblando. Cuando estaba tomando llamadas, nuestra supervisora nos dijo que nos desconectáramos para darnos unos tips de seguridad. Si está temblando nada de escaleras, se acercan a una columna del edificio y esperan sin entrar en pánico. Cuando dije eso pensé en que sería imposible evacuar el edificio y que por lo tanto tendría que estar ahí si es que temblaba. Pensé también lo improbable que sería que temblara. Cuando salí del cuarto de billar, en el pasillo, la tubería y las lámparas se movían de un lado a otro y creí ver salir chispas. Iba e entrar en pánico pero recordé que no había para donde correr. Me acerqué a la zona de elevadores y vi a un grupo de personas tocando una columna. Hice lo mismo. Una chica gemía y había otros dos muchachos que se repetían a sí mismos que nada pasaba, que solo era un temblor. El edificio se movía bruscamente y parecía que el sismo era eterno. En ese momento imagine que el edificio se colapsaría y que supe que iba a sobrevivir sentí como un soldado dentro de mí, un guerrero, un personaje en una historia de supervivientes. Pero no, soy un simple humano sentí que era mi momento. Al final nos evacuaron a todos, vi a mis amigos y recibí un mensaje de una querida amiga. Fue cuando desapareció todo miedo, incertidumbre y demás. El día de hoy me siento más tranquilo pero no puedo evitar pensar que mi querida Ciudad de México está colapsando y sus habitantes se debaten entre la incertidumbre y la inseguridad. No hay mañana, solo hoy.

¿Dónde estaba?