Yerem Mujica – Mercado de Jamaica

¿Quién? Yerem Mujica

¿Dónde vive? Iztapalapa

¿Qué nos cuenta?

13:14. Estaba en una bodega de muebles al lado del mercado de Jamaica. Alrededor de mí había torres de varios metros de altura formadas por muebles. Mi primer impulso fue salir del estrecho pasillo que formaban los muros de muebles para encontrar un lugar despejado. Logré llegar a la calle junto con mi esposo y con el vendedor de muebles. En la entrada de la bodega encontramos a una señora paralizada que cargaba varias botellas de litro y medio de agua. Tenía las manos completamente ocupadas. El temblor continuaba y la señora se aferraba a las botellas como si le dieran estabilidad. Nuestra perspectiva visual era el eje en donde se encuentra el metro. La señora, mi esposo, el carpintero y yo veíamos pasmados la edificación por la que pasan las vías del metro como una serpiente titánica de concreto, lista para caer y, con su arrastre, llevarse todo a su paso. Lo primero que pensé fue: «si no cae esa edificación, el resto de ciudad está bien». Días más tarde habría de enterarme de que esa línea de metro es una proeza de la ingeniería civil. El temblor apenas dismuía su intensidad y yo ya estaba escribiendo a mi mamá, quien es maestra de primaria en la colonia Guerrero, para pedirle que se reportara. La señora que se encontraba con nosotros estaba a punto de desmayarse, la abracé y le dije que todos estábamos bien y que había que pensar en que los demás también. Me agradeció, nos despedimos. Intenté retomar lo que estaba haciendo, una cotización de muebles, pero mi mente estaba errática, presentí que este temblor no había sido como el resto de los que había vivido. Me dirigí hacia el mercado de flores. Señoras corrían tomadas de las manos de sus hijos. Los niños lloraban. En el mercado no había luz. Yo quería comprar macetas pero no lograba completar la transacción. Los vendedores estaban fuera de sus locales, había escombros de macetas en el piso. Empecé a percibir un bullicio fuera de lo normal y a alterarme cada vez más. Las pocas personas que tenían radios de pilas escuchaban atentas. Yo intentaba enterarme pero todo me llegaba en retazos: «Hola, Joaquín. Nos encontramos en un recorrido por la delegación Cuauhtémoc…» Avanzaba a otro local: «El delegado de la Benito Juárez dice que…». Otro local: «nos dirigimos hacia Coapa en donde…». Y nunca escuché una noticia completa hasta que pregunté a un vendedor si se habían derrumbado edificios y me dijo sí: una primaria, sí en la Guerrero. Le pedí a mi esposo que regresáramos de inmediato a la casa. Mi mamá se reportó, me dijo que estaba bien, pero yo sabía que no volveríamos a ser los mismos. Cuando llegué a mi casa se habían roto exactamente las cosas que yo había salido a comprar esa tarde: macetas y muebles.

¿Dónde estaba?