Mariano Fernández – Del Valle

¿Quién? Mariano Fernández

¿Dónde vive? Colonia del Valle

¿Qué nos cuenta?

La tragedia nos ha dejado escenas de profunda solidaridad y esperanza, pero también situaciones que rayaron en la insensibilidad y la crueldad. En la galería de arte contemporáneo mexicano del Museo de Arte, a la mera entrada, está el espectacular cuadro Las Dos Fridas de Frida Kahlo, una obra que yo no dudaría en colocar entre las más importantes del arte nacional, no sólo por su manufactura y sensibilidad, sino por una misteriosa simbiosis de dos dignas y hermosas Fridas: una herida, la otra abandonada, y también por su síntesis del mestizaje mexicano. Esto viene a cuento al seguir las noticias del terremoto del 19S, al escuchar la cruel confusión o la indigna avidez de noticas de Frida Sofía y el colegio Rébsamen. Un error por la excitación y el agotamiento del momento, y por la desbocada necesidad de dar la nota en medios de comunicación, se jugó con el sentimiento adolorido y a flor de piel de la población: ¿un error de rescatistas de la Mariana o voluntarios? ¿Un exceso de esperanza infundada? ¿Una competencia insensible por el rescate de una Frida Sofía que nunca existió? Por otro lado, una historia romántica que viene creciendo como la espuma: una perra Retriever Labradora que lleva un palmarés de rescates nacionales e internacionales, ataviada por sus prácticos y perrunos googles, sus patas calzadas con botas de faena y un arnés que no identifica su nombre; Frida, sino su pertenencia: Marina. Volviéndose tan popular aquí como en Japón (homenajeada con Hachiko) como en los dibujos de Matt Groening de los Simpson, desencadenando una fiebre de ternura que le hace mucho bien a nuestro estado de ánimo, y a una ebullición comercial. Ahí están las dos Fridas del terremoto del 19 de septiembre, ambas en el ánimo de la búsqueda de razones para esta tragedia, una un engaño o un error magnificado; la otra una historia linda que nos aporta aspectos de solidaridad y heroísmo que a muchos les ha permitido vivir y llorar. &&&&&&&&& En épocas de problemas se conoce a los amigos, así podemos hablar de los centenares de voluntarios, donantes, rescatistas, militares, marinos, expertos en supervivencia, nacionales y extranjeros, pero no se puede decir lo mismo de la clase política. Desde que se comenzó a compartir el hashtag #PartidosDenNuestroDinero surgió un cuestionamiento masivo al papel que estaba desempeñando la clase política, no solamente los funcionarios públicos que hacen o debieran hacer su trabajo de auxilio y remedio a la población, ya no digamos la prevención y el cumplimientos a la reglamentación. En fin; el asunto que salió al caso fue que ante las necesidades de ayuda y reconstrucción se contrasta el gigantesco presupuesto para que los partidos hagan su vida; en especial para las campañas de la elección del 2018: $6.78 miles de millones de pesos (aniamlpolitico.com) entre los $25 mil millones para la organización de las elecciones. No se vio una acción decidida de partidos o suspirantes-candidatos en la emergencia, para asistir, salvar, apoyar o incluso consolar a la población, al electorado y a sus seres queridos. Muy al contrario y siguiendo la lógica de la reacción, se mantuvieron a en silencio y a resguardo de cualquier situación que los exhibiera negativamente, todos los partidos están involucrados al gobernar parte de la población dañada y por ende todos tiene cola que les pisen. El asunto es bastante espinoso, a tal grado que el desarrollo de los acontecimientos fácilmente se sale de cauce y pueden haber daños colaterales, como el prestigio de Televisa y la Marina por el cruel fantasma de Frida Sofía (todo un caso de montaje mediático a lo Florence Cassez y de la psicosis post-traumática del terremoto) o de distintos albergues y transportistas enfrentados con las autoridades, o hasta rescatistas nacionales contra extranjeros, en fin una lista vergonzosa donde no sabe si es un rumor mal intencionado, explotado en la redes sociales, o una ruindad verdadera con nombre, apellido, rostro y cargo. El asunto ha puesto a los partidos en el epicentro. Mientras ellos vociferan estar del lado del pueblo, a la mera hora de la emergencia lucieron por su ausencia; debiendo ser los primeros en la línea para auxiliar a la población. Poco se supo de ellos hasta que las aguas comenzaron a crecer exigiendo que los recursos de los cuales gozan, que son recursos del contribuyente, deberían ser usados para la reconstrucción y no para el dispendio electoral. Varias cosas derivan de ello. ¿Dónde queda el discurso electoral de estar con el pueblo? Seguramente en una más de las estructuras ruinosas del mapa ¿quién se atreverá a sacarlo en sus discursos de campaña? ¿Realmente darán sus recursos? Para ello se debe seguir un proceso que “libere” esos dineros, destinados para fines específicos (etiquetados) que impide que sean usados para lo que sea, así sea salvar a la población; se debe tomar medidas que permitan dirigir esos recursos a la reconstrucción. Eso no es inmediato y las voluntades se vuelven inciertas con el tiempo. ¿De cuánto estamos hablando? Esa es la verdadera incógnita; los partidos ya tendrán una serie de cuentas presupuestales para el 2018, aprobadas por cuanto burócrata se imagine usted, para impedir que ocurran cosas raras o inexplicables con ellos (¿) pero en definitiva no sabemos de qué presupuesto están hablando; por ser simplista: ya hay declaraciones que comprometen 20%, 50% y hasta 100% de sus prerrogativas…¿Qué chincuetes es eso? Deberían ser tan claros como decir pesos y centavos… y no entrar en enredos, demagogia y verborrea. Pero ¿por qué actúan así? La lógica de los candidatos es que ellos parten de una ruta para sus campañas y todo lo que implica, bajo distintos escenarios que respondan a varios eventos inciertos, aunque más o menos previsibles. Si un escenarios se sale de ahí (como el terremoto y la reacción de la sociedad civil), es decir excede los alcances de la planeación, los candidatos y sus operadores entran en crisis, pánico y pasmo; o simplemente hace lo que cualquier ente amenazado, finge y niega, o nada de a muertito, hasta que las cosas se aclaren e idealmente se pongan a su favor, o encuentre qué podría tomar del desastre para su beneficio.

 

¿Dónde estaba?