Flauberto de Marichalar – Iztacalco

Quién: Flauberto de Marichalar

Dónde vive: Iztacalco

Qué nos cuenta:

No tuve mi primera clase en la universidad y la próxima era hasta las 5pm. Pero alrededor de la una comence a alistarme para ir. Mi casa está esquinada, de modo que cuando pasan grandes camiones de carga, la casa se estremece como saltando. Esta vez estaba planchando y comenzó a efectuar ese movimiento pero con más fuerza y muy rápido. Todavía no era conciente de lo que ocurría, cuando mamá comenzó a gritar que nos salieramos, luego sonó la alarma. Desconecté lo que pude y salí tras ella hacia la escalera, sentía que me balanceaba y al mismo tiempo chocaba el suelo con mis pies. Mi hermano y ella salieron despavoridos por el pasillo hacia el exterior, vi cómo los colgantes artesanales bailaban y los muros también. Sin embargo cuando me volví a la escalera, no me permití irme sin mi tío, que venía bajando con dificultad y petrificado de terror. Lo sujeté de la mano y lo jalé pues estaba tieso. Cuando salimos ya había mucha gente afuera y se incrementó el movimiento. Los cables parecían cuerdas de saltar, los arboles, en especial, los pinos, serpenteaban, los semáforos escolares se mecían al mismo tiempo, los autos brincaban y se oían rezos, gritos lejanos, voces y alaridos. Entre ellos los de mi mamá, el terremoto de 1985 era su miedo, precisamente era lo que gritaba «¡está temblando como en el ’85!» Repetidas veces. Luego ella y mi hermano se forcejearon. Ella no quería ir más hacia el frente por los postes de luz, él la llevaba, se jalonearon y gritaban. Al último salió mi tía abuela rezando. De modo que lo último del movimiento estaba pasando. Mucha gente comenzó a correr al kinder, la primaria y la secundaria que están en la misma avenida, para llevarse a sus hijos. En el interior de la casa vi las pinturas de mi tía y sus retratos caídos y balanceados, busqué a mi gato y lo hallé todo erizado. Durante todo ese instante no podía entender que estuviese ocurriendo el mismo dia que hace 32, yo nací en 1995, pero ya nadie es ajeno al relato del ’85. ¡No me lo podía creer, quedé en shock de pensar cómo era posible! ¿Por qué? ¿Por qué ese día? ¿por qué nosotros? ¿por qué otra vez? Nos quedamos sin energía electrica, así que nunca entendí la magnitud del fenómeno hasta el día siguiente que vi en televisión todo sobre los edificios caídos y los videos subidos a la red de todos quienes pudieron grabar.

A veces no puedo dormir y mamá relataba el sonido de las sirenas ir y venir en aquellos días de 1985; nunca imaginé que yo también los oiría. A veces me sentí triste, oprimido, muy angustiando e incluso perdido. A veces he llorado. Se lo he dicho a mi familia y amigos: yo sólo deseo volver a la normalidad. Desearía que no hubiera pasado nunca. Quiero huir de esta situación pero no puedo, está en todas partes. La he negado y luego por fin la acepto; pero mi deseo es firme, quiero lo cotidiano, lo de antes.

¿Dónde estaba?