Yesenia Correa – Baldío Canal Nacional

¿Quién? Yesenia Correa

¿Dónde vive? Xochimilco

¿Qué nos cuenta?

Un día antes del terremoto del pasado 19 de septiembre, sonó la alarma sísmica de mi escuela, el cual me espanté muchísimo. Bueno, la realidad es que le temo a los temblores. Un día después, no podía creer lo que estaba viviendo… Las mesas de mi salón están acomodadas de forma cuadrada (porque sistema modular) o sea que en el centro hay un grande espacio, por lo que yo me siento en contra esquina a la puerta de este. Yo tenía un pie sobre una silla, de modo que la mía quedaba de una parte sin tocar el piso. Y sin mentir, pensé: «se siente como si estuviera temblando». Así que bajé mi pie, me senté bien y seguí escuchando la exposición de mis compañeros. De verdad que no pasaron ni dos minutos cuando sentimos cómo se movía el piso de arriba hacia abajo (como cuando pasa un camión grandote y se siente la vibración, pero más fuerte). Automáticamente salimos rápido, tratando de guardar la calma, pero al estar en el pasillo, parecía imposible evacuar el edificio, ¡ÉRAMOS MUCHÍSIMOS! Nos movíamos de un lado a otro. Personas se caían, ni del barandal te podías agarrar, me puse súper nerviosa, quería llorar, me mareé, una compañera me decía: «tranquila, tranquila»… Fue el momento en el vi pasar mi vida en cuestión de segundos y dije en mi mente: «no, yo ya me quedé aquí». Me imaginé que tiempo después me estarían buscando bajo los escombros, y lo único que hice, fue agachar la cabeza, cubrirme con los brazos y continuar bajando del edificio como pudiera. Cuando pisé el jardín (la zona de seguridad más cercana), me fijé que no hubiera algo que cayera sobre mí y en automático me agaché por completo. No tengo ni la menor idea de cuánto duró el sismo pero fue BASTANTE y MUY MUY FUERTE, absolutamente TODO se movía. Después de minutos nos dejaron subir por nuestras cosas para desalojar la universidad. Al salir, caminé con unos compañeros hasta donde se pudiera porque había demasiado tráfico y los trasportes estaban saturados, aparentemente no se veían daños. Me despedí y continué el camino hacia mi casa y así como avanzaba, era doloroso lo que estaba viendo… Las calles con grietas enooormes, estaban desechos o agrietados: edificios de departamentos, locales, restaurantes, tiendas, banquetas y paredes, uno de los centros comerciales… La gente corría buscando a sus familiares. Todos preocupados y angustiados, cuando supe lo del colegio Enrique Rebsamen, el corazón se me partió. No había recepción, se fue la luz, había fugaz de gas y de agua. Todo era una desgracia… Hasta la noche, cuando pude ver las noticias, fue cuando me partí en llanto de ver cómo de un momento a otro, la ciudad, MI ciudad que tanto me gusta, estaba destrozada. Y de pensar que decenas de personas buscaban a sus familiares entre los escombros, que muchos de ellos ya no tenían casa, que había mascotas perdidas, me puso muy mal. Posteriormente, conforme pasaban las horas y me pude comunicar con los míos, agradecí infinitamente a Dios porque mi familia entera, amigos, conocidos y seres queridos están con vida. Además de que las zonas más afectadas fue mi colonia pero gracias a él, mi casa no tiene daños. Incluso personas que ya nos les hablaba o que no veía, me llamaron y me sentí tan bien porque con este tipo de cosas las barreras se rompen. Y bueno, para finalizar, si subo esta foto es porque justamente una hora antes de los hechos, me la tomé. Pudo haber sido la última o tal vez no, pero me hubiera ido con una playera que tanto significa para mí. :’) Los daños son muchos y costará bastante (tanto tiempo, como económico) reparárlos pero me alegra ver que México (me refiero al país no la ciudad. Para aquellos que le dicen México a la Cd. de México) es solidario y que juntos saldremos de esta.

¿Dónde estaba?