Samantha Piña – Centro Histórico

¿Quién? Samantha Piña

¿Dónde vive? Iztapalapa

¿Qué nos cuenta?
Aquel día, mi novio y yo habíamos acordado vernos en metro Bellas Artes de línea dos, a eso de las 12. Luego del simulacro me trasladé hasta la estación y nos fuimos a un local de videojuegos, por ahí en eje central, frente a la Latino. Luego subimos al sexto piso del edificio para comer algo. Acababamos de ordenar sushi y esperábamos pacientemente por nuestro pedido cuando empezó toda la locura. Comencé a sentirme algo mareada, pensé que era por hambre, enseguida le dije a mi chico «¿Oye, está temblando?»…ni bien lo digo, comienza a sonar la alarma. Me incliné, tomé mi mochila y el tomó sus cosas y nos salimos del restaurante, pero no pudimos llegar más allá de una viga de metal que sostenía buena parte de la infraestructura del edificio y mientras las escaleras comenzaban a saturarse, permanecimos ahí, esperando. Mientras las lámparas del techo de lámina gruesa del edificio se venian abajo, mientras los ventiladores crujían y el edificio se movía de arriba a abajo, de un lado a otro sin parar. Esperábamos lo peor, nos abrazamos a la columna mientras seguían los gritos de pánico de las mesetas y las empleadas, mientras los cocineros gritaban que no se empujarán, que se mantuvieran replegados. Cuándo la cosa se calmó (a medias) empezamos a bajar. Ya en la calle, corroboramos que no teníamos ni crédito ni señal tampoco. Mucha gente empezó a llamar por teléfono y las líneas se saturaron. Así que esperamos a que pudiéramos marcar a nuestras familias, en calidad de mientras, encendi la radio del celular para pedir información. No sé mencionó ningún derrumbe al menos hasta ese momento, pero luego empezamos a ver ambulancias, muchas ambulancias y una palacavadora sobre eje central dirigiéndose a no se donde. Nos dimos una vuelta para ver si no habia nada caido, estuvimos cerca de hora y media casi dos horas perdidos en el centro. Pudimos llamar a nuestras madres y corroborar que se encontraban bien. Igual que nuestras casas. Luego de un rato solo funcionaban la línea 2 y la línea 1, así que decidimos irnos hasta Tasqueña y tomar algún transporte que nos dejara en Iztapalapa. Tlalpan se había convertido en un éxodo, de personas que preocupadas, comenzaron a apoderarse de las banquetas; todos buscaban regresar a casa, aturdidos y atormentados. Pudimos ver algunos edificios severamente dañados, y desde ahí pudimos darnos cuenta de la magnitud del evento. El Soriana de Tasqueña estaba derrumbado y apenas podíamos creerlo. El traslado en el camión fue un poquito más rápido. Él me llevó hasta mi casa, y se fue temprano para ver qué todo en su hogar estuviera bien…pero más tarde, sin luz, y ante las narrativas de reporteros que nos decian por el radio, todo lo que se había venido abajo, se me hizo un nudo en la garganta y el estómago. No tuve luz sino hasta el dia 20, y al ver los vídeos, apenas pude soportarlo. Me fui con mi hermana, su novio y algunos amigos a ayudar en un centro de acopio dos días más tarde, allá por Coapa, cerca del esperpento que quedo de Galerías. Cerca de todo lo que también se vino abajo. Puedo concluir esto con lo siguiente…pasaron 32 años, yo soy muy joven, tengo 22, y nos volvieron a enseñar, cómo es que se deben hacer las cosas. En los relatos de mis padres, siempre sobresale que el gobierno se vio superado por su gente, y aún hoy, se sigue viendo superado. Hemos dormido muchos años, guardando silencio ante las desgracias, espero que éste despertar, no se vea fulminado por el adelanto del letargo colectivo. Porque si eso pasa, las vidas de aquellos que se nos fueron, serán solamente en vano. Si no aprendemos de todo esto, y maduramos reflexionando sobre nuestros actos, no podremos honrar las memorias de todos aquellos qué, desde el día 7 de septiembre, se nos adelantaron.

¿Dónde estaba?