Nando Lucio – Torre Falcón, Ampliación Granada

Quién: Nando Lucio

Dónde vive: Azcapotzalco

Qué nos cuenta:

Trabajo en el piso 16 de uno de los edificios que conforman el corporativo Carso, aquí en Polanco. Mi tiempo de comida es de 13 a 15 horas, pero siempre bajamos, mi amiga Rox y yo, un poco más tarde porque las labores nos lo exigen. Ese día mis demás compañeros de área, con los que regularmente comemos, bajaron antes que nosotros porque inició un servicio de comedor al que Rox y yo nos inscribimos tarde, así que ella y yo comeríamos en el food court de la plaza, pues todos los lugares ya se habían ocupado y estábamos en lista de espera.

«Honey, voy al baño y nos vemos en el elevador», me dijo mi amiga Rox. «Sí, ya casi acabo, te veo ahí», le contesté. Ella se adelantó al sanitario y yo tardé como un minuto y medio en terminar lo que hacía en la computadora, tomar mi cartera y celular y encaminarme hacia el pasillo de los elevadores, al final del cual se encuentran los baños. Eran las 13:13 horas.

Salí de las oficinas por las puertas de cristal hacia la recepción y el pasillo de ascensores, y estaba a punto de apretar el botón con flecha hacia abajo de una de las ocho puertas cuando sentí que el piso vibró. Vibró como cuando un camión enorme pasa junto a ti sobre la avenida, pero ese era un piso 16; vibró por como un segundo a lo mucho y de pronto todo empezó a moverse.

«Está temblando horrible», escuché decir a una compañera del piso. Y sí, todo se movía incontrolablemente. «¡Péguense a la pared de los elevadores!», gritó el policía de recepción. Yo me pegué de espaldas al quicio de uno de los 4 elevadores que dan justo a los cimientos de en medio del edificio mientras escuchaba cómo tronaba todo. Rox salío del baño y en ese momento las dimensiones y distancias parecían inmensas. No estaba ni a cinco metros de mí, sin embargo la veía lejísimos. «¡Rox, ven, ven… Está temblando!», le dije. No me respondió nada o si lo hizo no la escuché. Llegó hasta mí y la abracé. No podíamos hacer más.

Todo seguía tronando y moviéndose horrible. Jamás en mi vida había sentido tan cerca la muerte. Pensé en mi mamá, en mi casa, en mi hermano, en mi papá, en mis abuelitos, en mis amigos. Sólo quería poder bajar de ahí, de ese maldito piso 16 que se tambaleaba de un lado a otro. Era como la película de ‘Terremoto’, de 1974, con Charlton Heston y Ava Gardner, que tanto me fascinaba y asustaba. Nunca pensé vivir algo así en persona.

Cuando se detuvo la tierra, Rox y yo regresamos a la oficina. Todas las lámparas seguían bamboleándose y los compañeros que no habían bajado todavía a comer estaban agazapados al muro interno de la estructura del edificio. Los celulares no servían. Las señales estaban interrumpidas. Entré por segundos en pánico porque no podía contactar a mi mamá ni a mi hermano ni a mi papá. A nadie. En Facebook empecé a ver publicaciones, videos, imágenes y no podía creerlo. Creo que todavía no lo creo.

No nos dejaban bajar. No nos dejaban bajar y por las escaleras de emergencia nos dijeron que era sumamente peligroso, que porque ‘es lo primero que se cae’ en caso de sismo. Estuvimos como una hora y cuarto ahí, arriba, en el piso 16 sin poder comunicarme ni por whatsapp con nadie. Yo guardé mis cosas en mi bolsa de tela y no me separaba de ellas. Tenía pavor de una réplica y nosotros ahí. Estábamos todos en el pasillo de los elevadores esperando a que nos dejaran bajar por ahí. Un compañero de las otras oficinas en el mismo piso pidió ayuda para una compañera suya, embarazada, que estaba en ataque de pánico. Cuando por fin nos permitieron evacuar el edificio, Rox y yo fuimos de los primeros en bajar… Y bajamos al caos, la confusión, la hermandad y el dolor de todos los días que estaban por venir.

Creo que todavía no me cae el veinte de lo que pasó.

¿Dónde estaba?