Diana Lino – San Miguel Chapultepec

Quién: Diana Lino

Dónde vive: Tlalnepantla

Qué nos cuenta:

Era el 19 de septiembre y me encontraba junto a mi equipo de trabajo en una oficina de la colonia San Miguel Chapultepec.

Revisábamos pendientes, confirmábamos citas; de fondo sonaba un playlist de Spotify cuando de pronto sentimos que se nos movió el piso. El movimiento inicial fue tan leve que de principio no nos asustó pero sí hizo que nos paráramos de nuestro lugar. Repentinamente, el mismo movimiento se volvió mucho más intenso y todos corrimos al jardín. Sabíamos qué sucedía y al mismo tiempo no entendíamos nada pero percibíamos a plenitud como se movía la tierra.

Éramos diez personas en un gran jardín, todos sintiendo miedo por lo que que estábamos viviendo. Los enormes cristales crujían, las paredes tronaban, mi corazón se aceleraba y para entonces, mi piel estaba erizada.
De pronto miré hacia arriba y pude ver como la pared que divide nuestra construcción de las otras se movía con tal fuerza que fue inevitable pensar lo peor. A lo lejos escuché alguna explosión, jamás supe qué había sido pero supongo que se trataba de un transformador o alguna tubería de gas, sin duda, creí que ahí me quedaría, que no saldría de esa y evidentemente, no estaría para contarlo.

El sismo llegó a su fin.

De ahí en adelante ya no sentía miedo, era terror lo que me inundaba. Mi cuerpo temblaba sin control y yo solo pensaba en comunicarme con mi familia y amigos, lo conseguí.
Estuvimos fuera de la oficina por casi cuarenta minutos hasta que el vigilante nos avisó que podíamos regresar por nuestras pertenencias. Era más que obvio que la jornada había terminado. Entré a la oficina y como pude guardé mis cosas, mi archivero estaba abierto y todo en desorden; una compañera y amiga lloraba y nada lograba tranquilizarla.

Agarré mi bolso, mi celular y salí casi corriendo, no había luz y el olor a gas era poderoso, penetrante; me despedí de algunos que aún estaban allí y comencé a caminar.

Me dijeron que no debía andar por la Roma-Condesa porque esa era una de las zonas más afectadas, obedecí y preferí caminar por Reforma.

Días después platicando con otras personas me dijeron que Reforma había estado cerrada por obvias razones pero aquel día, todavía tuve oportunidad de caminar por allí.

Todo era caos, la gente tirada en el suelo con shocks nerviosos, ambulancias por todos lados, gritos, llantos, desesperación y líneas de teléfono caídas; en ese momento no pude más y todo el llanto que tenía reprimido salió. Sabía a dónde me dirigía pero iba caminando sin rumbo, con muchas lágrimas en los ojos. No sé cómo describir todo lo que pasaba por mi mente en ese momento, mis ojos veían imágenes que difícilmente se borrarán de mi memoria. Me sentía sucia, cansada, con miedo, sin hambre y mucha sed. Solo deseaba llegar a mi casa y estar en paz, aunque suene egoísta. Lo que menos quería era escuchar una y otra vez el sonido de las alarmas.

Caminé y caminé, perdí la noción del tiempo y por fin llegué a un lugar seguro. Unas señoras se acercaron a mí para pedirme que las ayudara a comunicarse con su hija, lo hice y la chica respondió pronto. Me sentí feliz.

Lo que pasó después está de más. Lo importante es que pude reunirme con la gente que amo, nadie a mi alrededor sufrió algún tipo de daño físico o material. Únicamente nos quedó un daño moral y psicológico que poco a poco iremos superando.

Agradezco haber sobrevivido a tan fatídica situación y elevo una oración por todos aquellos que aquel 19 de septiembre lo perdieron todo.

¿Dónde estaba?