Rocío Victoria Sánchez Flores – Doctores

¿Quién? Rocío Victoria Sánchez Flores

¿Dónde vive? Doctores

¿Qué nos cuenta?

Llevaba poco más de una semana de terminar «oficialmente» mis prácticas profesionales y aún seguía agotada luego del estrés, las pocas horas de sueño y comer a deshoras durante los 4 meses que duraron; ese martes me desperté 3 veces; la primera a las 7am por el olor a café que llegaba de la cocina, mi madre se estaba preparando una taza antes de ir a comprar el desayuno, me cedió su café y me avisó que ese día coincidía su descanso con el de papá para que volviera a la cama sin preocuparme por hacer desayuno y almuerzo, la segunda vez eran las 9:45, ellos ya habían desayunado y estaban viendo una película en su recámara, los saludé, bromeamos un poco, me serví mi parte y antes de entrar a mi cuarto para desayunar mientras leía en la computadora les avisé que a las 11 habría simulacro por el 85 para que no se asustaran, en cuanto terminé fumé un cigarro y me volví a dormir, la tercera vez salte de mi cama, desde los primeros segundos supe que no era por haber soñado que caía, era completamente diferente a esas veces, literalmente mi cuerpo había saltado, escuche a mi padre hablarme desde su cuarto pero yo ya sabía que estaba pasando, sabía que el movimiento no era ondulatorio, sabía que el librero y el restirador no se vendrían contra mí y que tendría que tirar muy duro de la puerta de mi habitación por que esta se desnivela con los sismos y se atora, también sabía que esta vez a diferencia del sismo del 7 de septiembre no podía negarme a siquiera intentar salir del edificio porque mi padre no me lo perdonaría en esta ocasión, esquive los obstáculos en mi cuarto, abrí la puerta luego de dos tirones y sentí como el movimiento cambiaba a la vez que prácticamente me «jalaba» de regreso a la habitación, me mantuve como pude en el marco de mi puerta viendo a mi padre en el de la suya mientras lo urgía a salir asegurandole que iría tras él pero no hizo nada, no se movió, sus ojos miraban por encima de mi cabeza, yo solo escuchaba el crujido del marco, contaba los segundos para que el temblor comenzara a pasar, que disminuyera el movimiento o por el contrario que las sacudidas se volvieran más fuertes que las anteriores como en ese breve instante la noche del 7 que cuando creíamos que estaba pasando el movimiento de intensifico de nuevo por unos segundos.

Cuando paso nos dirigimos a la sala, mi padre me informó que mamá había salido unas horas antes al mercado, intentamos marcarle pero no había señal, salí al pasillo, me asomé por la barda, vi a todos los vecinos abajo, algunos dentro de sus autos con las puertas abiertas, regrese al departamento a ponerme unos tenis y cambiarme de ropa para bajar y esperar a mi madre en la entrada del edificio, en eso llego, paso por la puerta tranquila como suele estarlo en estos episodios y como me enseñó a estar. Comenzamos a preparar la comida mientras esperábamos que la luz, el agua y la señal volvieran para ponernos en contacto con familiares y amigos, durante los pocos minutos que pude conectarme por medio del celular me enteré que no encontraban a la abuela de mi amiga L, pensé en salir inmediatamente para su edificio a buscarla pero luego razone que había por lo menos otras 3 personas que estaban más cerca y que probablemente podrían localizarla o sabrían mejor que yo donde buscar, a casi dos horas de esto logre comunicarme con un amigo en común con L y me enteré que su abuela  estaba bien y con personas a su alrededor para cuidarla mientras mi amiga volvía de viaje;  a partir de ese momento no me importo estar incomunicada, no me parecía que hubiera sido grave, incluso cuando salí a las 4:30 para hacer un pedido en la purificadora que esta a unas cuadras de mi casa pese al número de personas fuera de los edificios, el tráfico y las gente caminando a falta de poder usar el metro no imaginé la magnitud del sismo porque he visto esto antes, después de cada sismo, he visto personas afuera de sus edificios, asustadas, hablando de Dios, de su ira,la ira de la naturaleza, de ser mejores personas, agradeciendo, llorando y entrando en un estado de histeria que se contagia a los niños, automovilistas insensatos casi subiéndose a las banquetas aprovechándose de la falta de luz en semáforos con una prisa casi homicida por llegar a casa, las comparaciones y exageraciones con lo que han escuchado del terremoto de 1985 con el del momento para  luego de unos días volver a la normalidad, insultar, odiar, aprovecharse de otros, reír por cualquier cosa, hubo pocas diferencias ese martes: dos adultos mayores que salieron de sus viviendas y pusieron en la calle donde vivo teléfonos para llamadas de emergencia gratuitas los cuales se veían serenos como a la espera de algo más,  la eventual participación de los vecinos dando vialidad y el creciente silencio conforme pasaba la tarde y llegaba la noche, no hubo radios, ni música, quejas por la demora de la luz, los que llegaban al edificio caminando desde sus trabajos, no los jóvenes sino las personas mayores de cuarenta apenas contaban lo que habían visto, se les notaba que se reservaban cosas, te contaban y seguían el camino a su puerta, a pesar de ello no supe ver que esta vez no era igual a las anteriores, estuve cómoda y tranquila con mis padres, en mi pequeña burbuja feliz, sintiéndome segura, mi mente no fue mas allá.

Cerca de las 10 de la noche volvieron todos los servicios, había mensajes, llamadas, whatts, contestaba tan rápido como podía en el celular,  por mensajes en face, veía publicaciones de mis contactos diciendo que estaban bien, esto siguió casi hasta la 12, cuando empece a ver en las noticias de esa red social que no todos lo estaban, comencé a ver peticiones que ayuda para localizar personas, llamados de ayuda a edificios en específico, reportes no todos falsos de edificios colapsados, a las 12 mi pequeña burbuja se empezó a desinflar.

Fue después, cuando ya no era 19 que salí y vi las calles llenas de voluntarios con mayor o menor organización, avenida insurgentes intransitable con sus edificios tambaleándose, camionetas que llevaban voluntarios a Xochimilco, voces desesperadas avisando del tránsito bloqueado hacia tlalpan, agua y comida llegando a los centros de acopio, escombros, casas evacuadas, doctores, rescatistas, topos, personas saliendo de la ciudad, militares sentados, indiferentes viendo a los demás hacer, vendedores ambulantes y locatarios regalando su mercancía; olí el gas y sentí la lluvia durante la madrugada, mientras era completamente inútil. Hoy noto que comienzan a cambiar las publicaciones en redes sociales, la alarma se escucha cada vez menos, la indignación, comienzan las bromas, se sigue con los planes que fueron aplazados y me pregunto cómo pueden, no me enoja, me consterna y me duele, ¿cómo pueden algunas personas tratar todo esto como un tema más del que conversar en una reunión en un bar?, como si ya todo estuviera bien, como si nadie hubiera muerto o muchísima gente no lo hubiera perdido todo, ¿cómo soportas esto y sigues con los planes que aplazaste? ¿cómo logras que sigan importándote de la manera en que lo hacían antes? ¿cómo lo hago ahora yo?

¿Dónde estaba?