Oscar Goytia – Pedregal

¿Quién? Oscar Goytia

¿Dónde vive? Estado de México

¿Qué nos cuenta?

Cuando todo se empezó a cimbrar miré a mi compañero pensando que era broma. Él hizo lo mismo. Cuando subió la intensidad comprendimos que no era ningún juego. Saltamos de nuestras sillas y llegamos a la pared del pasillo. Él alcanzó a tomar su chaleco de brigada y yo lo dejé todo.Nos replegamos a la pared y en lo único que pensaba era en los demás. No en mi familia ni en mis amigos, en todos mis compañeros en pánico que intentaban llegar a algún lado, sostenerse de algo. Sentía miedo, estaba asustado. No encontraba la voz en mi interior, pero él comenzó a gritar órdenes, así que lo que hice fue recordarle las que estaba olvidando y que no podía gritar.Poco más de una hora antes hicimos simulacro, así que nos acababan de decir lo que hicimos mal y esta vez, la que importaba, lo hicimos bien.Julio, mí amigo, continuaba gritando a quienes estaban más lejos -Alejense de los cristales, peguense a la pared-decía. Yo por mi parte le hablaba a quienes estaban más cerca -agachense en sus lugares, cuidado con las sillas-

Fue entonces que todo comenzó a moverse de lado y con más fuerza.

No podré olvidar la cara de uno de ellos, lleno de miedo preguntaba -amigo, ¿qué hago?-, él quién durante el simulacro se burló de mí por tomármelo demasiado en serio, sólo pude decirle que pasara junto a mí y se quedara junto a los elevadores. Dos personas iban detrás de él, no recuerdo quienes, pero les dije que hicieran lo mismo.

Entonces todo empeoró, el edificio empezó a rugir y el mobiliario se movió con más violencia. Ya todos los que alcanzaba a ver estaban en uno de los “puntos seguros”, pero cuando se fue la luz en la mitad del edificio creí que se partiría en dos, que estaba por morir. Entonces todo se calmó y comenzamos la evacuación. Estaba aterrado, pero me negaba a que lo vieran y continué dando indicaciones hacia la salida de emergencia.

Los vi pasar a todos, hombres y mujeres, personas jóvenes y otras maduras, algunas de ellas en crisis, pero debían continuar avanzando.

Lo más pesado en ese momento fue quedarse al final hasta estar seguros que no había nadie más en el piso. Mis piernas temblaban y mi estómago estaba revuelto, pero igual regresé a mi silla, tomé mi chaleco de la brigada y con mis compañeros revisamos el piso entero, lugar por lugar, hasta estar seguros que todos habían logrado salir.

Estaba aterrado, pero no quería asustar más a los demás y deseaba poner el ejemplo al mostrarme calmado y útil.

Sólo hasta entonces pensé en todos mis amigos y seres queridos, y mientras los brigadistas evacuamos, empecé a mandar mensajes de voz mientras bajábamos escaleras, los seis pisos.

Fue en la calle que empezaron a llegar los primeros reportes de la gravedad del terremoto. Intentamos quedarnos a trabajar lo más posible una vez que se pudo regresar a la redacción, eso y evitar el caos de una ciudad colapsada. Sin embargo terminamos por irnos temprano cuando llegaron más reportes.

Sabíamos que el regreso a casa iba a ser largo y difícil, pero más complicado resultó la idea de irnos sin más después de enterarnos de todo lo que había pasado.

Cuando llegamos a las zonas de derrumbe en Álvaro Obregón había ya demasiada gente ayudando y no sabíamos qué hacer, en otras ya estaba el Ejército e impedía el paso. Nos ofrecimos de voluntarios, pero no hubo demasiado que hace en ese momento. Hicimos lo que pudimos y compramos botellas de agua con todo el dinero que llevábamos encima, todo el material de curación ya se había terminado en farmacias y supermercados, cargamos grandes bolsas llenas de agua por no sé cuantas calles hasta que llegamos al Hospital Obregón, ahí dejamos una mitad, la otra la llevamos directamente a los rescatistas en Álvaro Obregón a varias calles de ahí.

Recuerdo sentir una mezcla de coraje y esperanza, mientras cargaba las botellas veía un chingo de gente ayudando, motos transportando rescatistas y enfermeros, bicicletas llevando víveres, boy scouts organizando y moviendo gente, voluntarios organizando los donativos, máquinas moviendo y gente pasando escombro. Era una escena surrealista que se mezclaba con gente paseando a sus perros con toda tranquilidad y gente que comía en lugares hipster con vino en la mesa como si el mundo a su alrededor no existiera a pesar de que por delante de ellos rescatistas corrían y gritaban y la ayuda se movía.

¿Dónde estaba?