Mara Guzmán – Metro Balderas

¿Quién? Mara Guzmán

¿Dónde vive? Zona Centro

¿Qué nos cuenta?

Hoy por fin me atrevo a contar lo que viví, actualmente me da miedo subirme al metro, dejar mi casa, salir a caminar, vivo con una constante «Paranoia» y siento que tiembla en todo momento…. Como cualquier Martes, mejor dicho como cualquier día de escuela, venía de regreso a casa, aborde en Ciudad Universitaria (para alcanzar lugar). Mi destino Indios Verdes, el cansancio y el madrugar me vencieron por lo tanto me quede dormida a las pocas estaciones, traía audífonos puestos para «arrullarme» en el camino. Una sacudida me despertó, un ajetreo constante y muy violento, abrí los ojos y permanecí sentada, puedo jurar que entré en shock, como pude salí del vagón y me di cuenta que estaba en Balderas. Al salir al andén, ya se encontraba personal de seguridad intentando calamr los ánimos, cosa que no iba suceder. Había gente lloran, gente gritando, gente grabando intentando capturar esta histeria y preocupación colectiva. Yo esta inherte, nunca en mis 20 años de vida había experimentado el terror de vivir en carne propia un temblor. El conductor del metro nos pidió subir al vagón, obedecimos, pero dentro todos intentaban comunicarse con sus familiares, las lágrimas no paraban y lo primero que hice fue enviar un mensaje:

-Mamá

-Vida por favor dime que estas bien.

-Estoy bien ma, sólo estoy muy asustada

-En dónde estás?

-En Balderas

-Salte por favor del metro, toma un taxi, por favor Mara, salte ya

-Si mamá no te alteres estoy bien.

-Ya te saliste?

Con las palabras de mamá, me salí del metro, para encontrarme con un ambiente no muy diferente, gente llorando, gente a mitad de la calle, gente corriendo, gente con crisis y luego yo a mitad de algo que no comprendía, sólo quería una cosa: Llegar a casa. Decidí caminar, no había transporte muchos menos taxis libres, caminé hacía Reforma, escuchando los peores y más desgarradores comentarios «Mi hijo está solo» «Todo se va a caer» «Necesitamos una ambulancia. En mi camino me percate de la existencia de una secundaria,cuando pasé una niña de no más de 12 años chocó conmigo, no paraba de llorar y gritar,lo único que pude hacer fue abrazarla y decirle que todo estaría bien, me dijo que no encontraba a su mamá que tenía miedo, la llevé a la otra orilla y una madre de familia dijo que se quedará con ella, que le marcarían a su mamá después, me despedí pero le pedi a la señora que no dejara sola a la niña, que la calmara. Seguí mi camino, antes de llegar a Reforma vi un edificio que tenís los vidrios rotos, gente llamando, hablando de seguros y nuevas piezas. Cuando por fin llegué a Reforma, había un mundo de carros, lo más lógico para mi fue seguir hasta el Monumento a la Revolución para abordar el Metrobús, o al menos ese era mi plan. El olor a gas, los negocios con severos daños, los edificios lastimados, las personas llorando no cesaban, fue entonces cuando entro en mi la angustia y desesperación, sonará muy infantil pero juro que lo único que quería era abrazar a mis papás, quería llegar a casa, ver a mi abuelito, sentir los lenguetazos en la cara de «Frijol». Apresuré el pasó, atravesé en monumento a la Revolución y cuál fue mi sorpresa, encontré una escena bastante triste, vidrios rotos y muros dañados,material en el piso. Continue mi camino intentando no mirar atrás, oía ambulancias, helicópteros, bomberos y policías, esos ruidos generaban más angustia y llanto, cualquier local tenía encendidas las noticias, empezaba el primer recuento de los daños. Llegue a la estación «Plaza de la República»,no había servicio de Metrobús,no me quedo de otra,solo seguir caminando,así empezo la travesía más larga y angustiante de mi vida, estación por estación la recorrí a pie junto con muchas otras personas, personas que al igual que yo querían volver a casa, por momentos el sol y cansancio me mareaban, lloraba a ratos, me enojaba en otros. Perdí la noción de tiempo, ya no toque mi celular, permaneció guardado en mi mochila todo el trayecto. Al llegar a Indios Verdes, necesitaba un taxi, ya no podía más sentía los pies lastimados, la cara me ardía, la mochila ya pesaba. Después de varios intentos conseguí uno. -A Santa Isabel Tola porfavor. -Claro que si señorita, se ve cansada. -Lo estoy señor, me duele todo. -No se preocupe ya mero llegamos Cuando baje del taxi y caminé a casa, sentí una extraña sensación de alivio, un respiro,abrí la puerta y corrió mi mamá a recibirme, una abrazo que puedo jurar permanecerá en mí por siempre, llegó mi papá, mi tía y primas, saludé a todos con lágrimas de verdad estaba llorando desconsoladamente, saludé a mi abuelito, lo abracé y entré sollozos le dije «Tuve miedo abue, creí que no iba lograr llegar, todo esta muy mal, edificios colapsaron, me siento mal» el solo me miro y dijo «Ya estás en casa mi niña, trata de relajarte» Miré el reloj 4:50,caminé aproximadamente 4 horas y media, empecé mi propio recuento de los daños, al sacarme los zapatos vi sangre, ampollas y marcas. Estaba quemada me ardía la cara y el dolor en todo el cuerpo era constante, por fin saqué mi celular 189 mensajes, 13 llamadas perdidas, 23 notificaciones. Me desplome al sillón y agradecí a la vida está oportunidad de seguir aquí, aunque no estuve cerca de la muerte, esta experiencia me marcó, me lleno de empatía, me sacudió el alma. Después de horas pude hablar, pude contar lo que paso y hoy lo comparto aquí, buscando un poquito de sanación y paz interior. Claro que esa es tarea mía pero me siento aún muy conmocionada, con culpa de seguir adelante, de continuar mi vida. Después de esto me siento impotente al no sentirme tan útil para ayudar, pero bueno esa ya es otra historia…

¿Dónde estaba?