América Coronado – Ciudad de México

¿Quién? América Coronado

¿Dónde vive? Centro CDMX

¿Qué nos cuenta?

Estaba por entrar a la última clase en la facultad, en un tercer piso. Estaba en el pasillo platicando con mi novio, rodeados de compañeros con el ímpetu que se tiene en la clase que finalmente te deja libre de la escuela. De un momento a otro todos entraron al salón y mi novio y yo nos quedamos otro ratito afuera porque aunque no recuerdo muy bien de qué hablábamos estoy segura de que era algo divertido, al menos más divertido que el tema nuevo que estaba explicando en el aula el ayudante. Finalmente, movidos por el ñoño interior que llevamos dentro, decidimos entrar al salón, para entonces eran ya las 13:16 (aprox). Nos sentamos en la tercera fila de un salón con bancas en pareja y de 4 filas. Nos pusimos cómodos pues aún quedaban 44min de clase.

Yo no suelo sacar mi carpeta y plumas hasta que veo que hay algo importante que anotar, por otro lado, mi novio saca su carpeta, plumas y sus lentes, está listo para tomar notas. Entonces anota la fecha y seguramente el título del tema también. Lo miro y sonreimos, volteo la mirada al pizarrón que refleja la luz del proyector que se encuentra casi sobre nuestras cabezas. Y derepente vuela en el aire la pregunta llena de incertidumbre y que nos hace contener la respiración por un segundo: «¿Está temblando?» aunque la verdad es que no recuerdo si fue pregunta o afirmación, tal vez un intento de ambas. Entonces el movimiento debajo de nuestros pies se hizo más evidente, cruzamos algunas miradas de desconfianza o miedo, no lo recuerdo. En ese momento todos los demás desaparecieron de mi campo visual, solo era mi mochila, la carpeta de mi novio, mi novio y yo, y el piso en movimiento, claro está. Me puse de pie y pasó el segundo más lento de mi vida (¿no les pasa que en ese tipo de situaciones pueden ver todo en cámara lenta?). Estoy de pie y hago contacto visual con mi novio quien no se mueve en lo absoluto, no creo que esté asustado, más bien mi mente y mi cuerpo se movían más rápido y él aún no captaba lo que estaba pasando. Estaba apunto de salir del salón cuando recordé mi mochila y en el mismo instante me pasó por la cabeza el sermón clásico de primaria: «salgan sin cosas, lo importante es su vida» pero vi mi mochila y estaba todo guardado y listo para huir a mi lado, di un paso, la tomé y la colgué en mi espalda. Para ese momento ya no había nada más en mi horizonte que la puerta abierta y el ayudante a un lado, sosteniendola para que no se cerrara. No pasó por mi cabeza tomar la mano de mi novio y hacer que reaccionaría más rápido. Así que salí del salón, primero con calma, como siempre nos han dicho, hasta que escuché que algo tronaba, no sé si era el edificio o toda la zona sur. Corrí entonces a las escaleras con el miedo de que el puente que conecta el edificio con la escaleras sufriera algun daño y me dejara varada, fue entonces cuando pensé primero en mi hermano y su sonrisa traviesa y después en mi novio quieto en la silla. Volteé para encontrarme con sus ojos verdes y sentir que todo estaría bien, pero no estaba ahí, seguí corriendo. Llegué a las escaleras y dije en voz alta (e inconsciente) «¿Dónde estás?» refiriéndome claro a mi novio, entonces mi paso se alentó por todos los compañeros que tenía al frente bajando presurosos las escaleras, volteé de nuevo y ahí estaba, el niño con los ojos más bonitos de mi vida. Respiré un poco y escuché como una chica que comenzaba a gritar fue reprimida por los demás quienes estruendosamente y al unísono dijeron: «¡Cállate, no hagas eso!». Mientras más cerca de la salida más lento era el paso, eramos demasiados en las escaleras y como catarsis dije: «Mames, ya estaríamos todos muertos» pero lo dije sin pensar, ignorante de lo que pasaba fuera de la facultad. Finalmente estamos afuera y puedo sentir el sol, el terrible y molesto sol, sobre mi piel. La zona de seguridad me pone nerviosa, somos muchos y es muy pequeña, mi cuerpo sigue temblando, la tierra ya no. Hay risas y caras de confusión, todos comentando algo, evitando sentir el pavor de lleno. De pronto llega un adulto (uno de verdad) y nos da indicaciones, un gran silencio se propaga y escuchamos atentos, la adulto nos dice cómo le van a hacer los que dejaron sus cosas en el salón para poder volver por ellas. Escuchamos atentos porque mi novio dejó sus cosas. Tenemos que esperar.

Como buenos millenials sacamos nuestros celulares y nos conectamos a la red de la facultad, que gracias a lo que fuera servía perfectamente. Entramos a Twitter porque es el medio más actual y veloz, entre hashtags y retwitts se veían calles de la ciudad callendo a pedazos, mientras más actualizabamos más nos sorprendíamos. Un amigo ve un video y dice: «Wey, si sí están las cosas así hay que ir ayudar, a mover escrombro».

¿Dónde estaba?