Jimena Merino Ruiz – Roma

¿Quién? Jimena Merino Ruiz

¿Dónde vive? Ermita, Iztapalapa

¿Qué nos cuenta?

9/09/2017 13:10 Estoy en la Roma, en la Fonda, vengo de estar con el impresor que nos hará tarjetas de presentación, antes fui a dejar a Dany a unas 5 cuadras de aquí con Jess, que nos va arreglar el pelo para un evento que tenemos el jueves. Pienso que tengo que adelantar producción para el evento y comienzo a sacar lo necesario para hacer salsa verde. Saco cebolla amarilla, la huelo como siempre, me gusta su olor dulzón. Prendo la hornilla y pongo la olla turquesa por la que siempre peleo con Dany «ni es verde, es azul», pienso y me río para mí. Le pongo aceite y comienzo a pelar ajos. Entonces siento un movimiento fuerte en el piso, pensé que era un trailer pasando por la calle, volteo con furia para ver si es cocacola o la cerveza y me encuentro la cara de Sonia, mi vecina del local «está temblando» me dice; «si, hay que cerrar el gas y salir con calma» le digo calmada. Volteo a ver a los chicos de los tacos y les repito la instrucción, asienten y salen de su local. Apago mi hornilla, cierto mi gas y tomo mi teléfono. Camino Dos metros hasta el local de enfrente y les grito por la ventana «chicos está temblando, cierren el gas, hay que evacuar» mientras veo a la administradora de casa quimera bajar de su oficina y repetir la instrucción al mismo local, los chicos salen a prisa. Camino un metro y me encuentro a las dos chicas de las galletas aterradas, repito la instrucción y caminamos hacia la salida del estacionamiento; cuando llegamos a ese punto, sentimos un coletazo muy fuerte, el marco de la puerta se mueve mucho, igual que el par de escalones que lo preceden y no logramos salir de prisa. Me recuerdo gritándoles «con calma, con calma, no empujen y salgamos todos», sentíamos agua caer en nuestra espalda y pensé que era el tinaco que pronto nos caería en la espalda, como puedo empujo el embudo humano y logramos salir al estacionamiento. Todo se mueve tanto que es difícil estar en pie. Las chicas lloran y las tomo del brazo, las miro a los ojos y les grito «calmadas, estamos bien y estamos juntas, no pasa nada». La verdad es por dentro estoy muerta de miedo y no quiero ni ver cómo se mueve todo al rededor. Sigue el llanto y yo sigo repitiendo la misma oración. «¿ya terminó?» «¡No! ¡Mira las lámparas» «está larguísimo» escucho mientras me concentro en calmar a las chicas. Por fin termina. «¿Están todos bien?» Pregunto asustada pero tratando de conservar la calma. Todos asienten. Saco mi teléfono para intentar comunicarme con Dany, todo este tiempo rogaba que estuviera bien. No salen llamadas, le encargo la Fonda a mis vecinos y emprendo la carrera hasta Dany. Cuando llegó a la esquina de Chihuahua y Orizaba me encuentro a la administradora que me dice al borde de las lagrimas que se cayó la escuela de la esquina. «Calma. Busca ayuda» le digo mientras pienso que será más seguro correr por Guanajuato que se ve en calma. Para ese punto todos gritaban asustados. Retomo Chihuahua y corro a máxima velocidad, veo a gente que no entiende qué pasa, bardas caídas sobre coches, mujeres alteradas, gente que corre como yo. Ahora que pasaron los días pienso que no fue prudente correr por una calle donde había tantas construcciones colapsando. En ese momento no pensé nada, sólo quería llegar hasta Daniela. Conforme me acerco al salón donde estaba Dany, intento reconocerla entre las personas «ahora sí necesito los lentes, no veo ni madres de lejos». Cuando por fin llego a la esquina la encuentro, desubicada y con el papel aluminio de la decoloración en la cabeza, le grito y corro hasta ella, la abrazo fuerte y le pregunto si está bien, me dice que si, pregunta si quimera está bien, «si, pero se cayó la escuela de la esquina» le contestó mientras se me quiebra la voz y lloro un poco. Dany me explica cómo vio el pavimento abrirse y unirse de nuevo, de los niños que están concentrados en esa esquina y otras cosas que no recuerdo por qué en ese momento me vienen tremendas nauseas y vomito. Se acerca Jess a darme agua y a calmarme «fue por qué corrí sin parar» digo para calmarnos. También fue por el estrés y el miedo, eso no se los dije. Le avisó a Dany que voy a regresar por nuestras cosas y a ver cómo ayudo en la escuela, ya hay una brigada levantando escombro, ella me dice que se va a enjuagar y nos vemos en quimera. Camino un par de pasos y veo que tengo un poco de señal, mando un sms a mis papás con un escueto «estoy bien», a la fecha no sé si les llegó. Después de eso no tuve señal para mandar mensajes o llamar hasta las 11pm. Corro de nuevo por todo Chihuahua, llego a la escuela y veo a gente asustada, gente que llega a ayudar, gente que grita de miedo, me meto por mis cosas a quimera, soy una bola de nervios, me tiemblan las manos y así guardo todas las cosas y echo en las bolsas agua, tortillas y champiñones. Me pareció lógico. Una de las niñas de las galletas, Dianita me pregunta para donde voy, le explicó que Dany está bien y voy por ella a Chihuahua y Cuauhtémoc, me acompaña por qué es su camino y por qué tiene miedo de estar sola. Caminamos, yo voy casi corriendo, vemos mamás y papás corriendo hacía la escuela para ver a sus hijos. Escucho a alguien explicando «Los niños están bien. La estructura que se cayó es la oficina de la madre superiora. No sabemos si ella está ahí o si alguien iba pasando… hay que seguir levantando con cuidado». Me estremezco y sigo caminando. Cuando llegamos al salón ya no estaba abierto. Pego en la cortina a ver si alguien me contesta. Silencio. Comienzo a alterarme y a gritarle a Dany, pero eso no me va a llevar a nada, así que le digo a Dianita que se vaya a casa, con cuidado y se reporte cuando pueda. Corro de regreso a Quimera tratando de estar calmada y me encuentro a los del Vegan, me explican donde está Dany buscándome y corro a ella. Nos abrazamos de nuevo. Todo es polvo y desorden en la calle, gritos de la brigada y de pronto requieren silencio. Hay una chica barriendo la calle, los escombros, sin sentido alguno por qué todos estaban pasándonos tabiques y concreto. «Muévanse todos, estoy barriendo» no entiendo su actitud pero la ignoro por qué recuerdo que estábamos haciendo acopio para Oaxaca y me acababan de llevar litros de mertiolate, alcohol y agua oxigenada y muchas gasas, corro a buscar a quien dárselo, me topo con el nuevo dueño de quimera, que por cierto me sorprendió por qué estaba levantando escombros con las manos, empapado en sudor, le explico que voy a sacar el material de curación y le pido que le avise a los policías. Busco con quien reportar que tengo cosas para ayudar y no sé a quién dirigirme, la chica que barre sigue ahí en lo suyo. De pronto diviso un Topo, me acerco a él y le comentó, me contesta un «aquí no se necesita, en Laredo y Amsterdam si, dame cosas y me las llevo en la moto», asiento y le explicó que estábamos juntando para Oaxaca y no sé qué más le cuento, seguía alterada por todo, entramos a quimera, el saca unas cosas y nosotras otras, tenemos que ir a ayudar, cargamos la bolsa con material y avisamos a los polis que seguro regresan los topos por más material. Trató de ubicarme sobre cómo ir a Amsterdam, «hay que caminar todo Álvaro Obregón para cruzar a condesa», pienso. Pasamos a la tienda de la esquina, que funcionaba con la reja cerrada y compramos muchas aguas, sabemos que se va a necesitar. Caminamos a prisa, estamos alteradas pero no nos damos cuenta. En eso paso frente al restaurante donde trabaja Umpy, pregunto por ella y nadie sabe darme razón, solo quiero saber que está bien. Luego salen unos chicos y nos informan que están hablando con ella y que está bien, le mando un mensaje de voz por el teléfono de ellos y continuamos caminando. Llegando a la guardería del IMSS vemos que el predio de a lado está destruido y la guardería dañada, me meto a un consultorio dental donde vemos a un señor en la puerta y le pregunto si tiene cubrebocas que nos venda, le explico de nuevo que vamos a Amsterdam y llevamos materia de curación que nos donaron para Oaxaca, el señor asiente y me da los cubrebocas, «¿cuánto le debo?» «Nada, gracias por ayudar, algunos ya no podemos», solo atino a asentir. Llegamos cerca del sumesa que está por el palacio de hierro y todo está acordonado, la policía no deja entrar, busco con la mirada «fallas» en sus vallas para entrar, Dany me regresa a la realidad y me recuerda que es peligroso y no estamos equipadas, así que entregamos al poli parte de lo que traemos y decidimos caminar a buscar Amsterdam. Todo es peor ahí. Hay muchos lugares caídos, mucha gente en los camellones sin saber qué hacer y con miedo, el intenso ruido de las ambulancias de hace escuchar. Yo necia en querer entrar ayudar y claro que nos permitían, así que nos limitamos a repartir lo que trajimos entre la gente que lo necesitaba; cuando se terminan los insumos nos damos cuenta que tenemos que ir a casa, aún que Dany sabía que todo estaba bien por qué en una de esas que le entraba poca señal en el chat de «villas mi Yolanda» un vecino dijo que la casa estaba en orden, no sabemos qué pasó en el sur, pero tememos lo peor. Comenzamos a caminar hacia Cuauhtémoc, yo estoy desorientada y asustada pero no quiero que Dany se preocupe, así que trato de parecer segura de hacia dónde vamos. En este éxodo de la Roma-Condesa vemos a mucha gente alterada, en silencio caminando. Otros tratan en vano de comunicarse. Llegamos a Cuauhtémoc y se ve un mar de gente, los coches detenidos y todos vamos caminando. Dany trata de calmarme y me dice que vaya más lento por qué venimos cargando cosas y no podemos ir así, asiento pero no logró hacerlo, la adrenalina y el miedo me tienen presa. Conforme recorremos Cuauhtémoc vemos edificios dañados, todos estamos sorprendidos, señalamos edificios de gran altura, nuevos, viejos, todos dañados. Estamos ya en la Narvarte y se siente pánico, la gente hace compras sin medida y nos contagian su ánimo, comenzamos a comprar fruta, agua, pan y comida preparada en la esperanza, salgo de mi y escucho a una señora decir «pero si no tiene luz, como va a cortar el jamón la muchacha?» «Ya lo venden en paquetitos», escucho al esposo replicar, nos causa gracias y nos reímos un poco, por primera vez en horas. Dany recupera señal a ratos y pido que avise a mi familia y amigos que estamos bien, manda mensajes y a veces llegan y a veces no. A mí me entran los mensajes pero no puedo contestar. En algún punto cercano a eugenia me entra señal y me comunico con quien puedo. Ya sé que mi familia está bien, que mis amigas están bien. La mamá de Dany nos llama asustada «estamos bien, no se preocupe, fuimos a ayudar y vamos a casa, no nos falta nada, todo bien» le digo nerviosa por la situación. Cruzamos por donde las brigadas de ciudadanos se han organizado para fungir como semáforos. Todos respetan el nuevo orden. Seguimos caminando por división del norte y al llegar al parque de los venados venimos ya exhaustas y pretendemos comer un hot dog. Aquí la gente está «normal» no vemos movimiento extraño. No comemos por qué el señor se tarda mucho y ya queremos llegar a casa. Seguimos por municipio libre pensando que es Zapata, y que por ahí es fácil cruzar Tlalpan. En el camino vemos locales cerrados, transformadores incendiados al nivel del piso, la gente resguardada. Cruzamos Tlalpan y ya nos urge llegar a casa, estamos cansadas y desesperadas. Caminamos pensando que ya falta poco. Dejamos Tlalpan por qué hay un caos y mucho ruido, hacia el sur el tránsito está parado y hacia el norte la gente va caminando y son pocos los coches que pasan. Por dentro de las colonias todo está silencioso, la gente comenta como lo sintieron, «los sureños no saben cómo se sintió en el centro. No saben de lo que hablan» le digo a Dany. Al llegar al edificio de mi hermano pensamos en gritarle, vemos todo cerrado, «quizá no está» me dice Dany. Caminamos una cuadra más, llegando a balsas hay mucha gente «¿¡no mames qué pasó?!», nos acercamos y vemos que un edificio colapsó un piso y están sacando gente, o eso intentan. Caminamos a prisa para evadir la escena, Dany me dice que habrá que comprar agua y algunos víveres más, acordamos dejar todo en casa y salir de nuevo. Por fin llegamos a casa y verificamos que todo está bien. Nos recibe Ana, nuestra casera y nos dice que va a ir a ayudar en bici, ahí está el coche para cargar los teléfonos. No hay luz. Algunas cosas se cayeron pero nada serio. Buscamos a las gatitas, Padme está sentada en el baño en su tapete, Leia muy asustada dentro del sillón. Les hablamos y las calmamos. Salimos a comprar a la única tienda abierta, dónde están vendiendo todo carísimo pero no nos queda de otra. Aguas, coca, salchichas, Ni por un momento me acuerdo que no comemos carne. En casa de nuevo comenzamos a buscar las miles de lámparas que uso cuando ando en bici, improvisamos la maleta de emergencia y notamos que no tenemos radio. Ni modo. Comienza a oscurecer y dany y yo comemos a oscuras y en silencio. Me fuerza a comer por qué ya sabe que comer se me olvida y luego me pongo mal. Estamos terminando de comer cuando llegan Pako, Lily y Toño, nuestros amigos y vecinos. Nos sentamos en el garaje y ponen el radio en el coche de Ana y cargan los teléfonos. Nos cuentan donde estaban cuando tembló. Todos estamos muy sacados de onda. Escuchamos lo de la escuela Rebsamen y decidimos al unísono ir a ayudar en lo que podamos. Dany y yo nos metemos a ponernos zapatos y a buscar dulces para los niños, cuando salimos Pako nos hace notar que no tenemos bici ni como desplazarnos, que no hay luz y nadie tiene pila, no es seguro ir. Desistimos y permanecemos juntos en casa de Ana, platicando y tratando de estar bien. Casi a las 10 llega Ana y nos organiza para hacer de cenar. Cocinamos y platicamos de lo mismo: el temblor. Vuelve la luz y todos corremos a cargar los teléfonos. Entra la wifi de la casa y por fin puedo comunicarme con todos los que me escribieron y están preocupados. Leemos noticias impresionantes, todo lo que se cayó, todo lo que se necesita. Cenamos y nos vamos a dormir. Antes, Ana nos dice «tratemos de descansar por qué mañana hay que salir a ayudar. Mañana hay que chingarle». Y eso hicimos.

¿Dónde estaba?