Gicela Sehedi – Pilares Águilas

Quién: Gicela Sehedi

Dónde vive: Narvarte

Qué nos cuenta:

Así lo vivo….

Escucho la respiración tranquila de mi hijo durmiendo profundamente después de una noche difícil con fiebre. Sintiendo su tranquilidad, quisiera escribir mi experiencia a manera de desahogo como muchos han escrito.

A la 1:15 pasé por mi hijo a su escuela, tomé mi ruta rumbo al estudio de mi marido para comer juntos, estaba justo abajo del segundo piso de Rómulo O´Farril (ese que ha sido motivo de discusión los últimos días, si en verdad esta dañado o no), cuando sonó la alarma sísmica toqué el claxon como loca, fue inútil, nadie hizo el intento de moverse, arrancaba con toda la fuerza el terremoto, me bajé de la camioneta mientras le gritaba a Santy al mismo tiempo, vámonos hijo!, no se cómo salió la orden, ni con qué fuerza, porque abrí la puerta trasera y Santy ya me estaba dando los bracitos, se había quitado el cinturón del otro lado del asiento e instintivamente se puso en la puerta correcta, lo cargué y corrí rápido, muy rápido, nunca sentí el peso de mi hijo, nunca me di cuenta todos los obstáculos que salté como si él no pesara nada, buscaba alejarme de la zona llena de trampas mortales mientras me caían pedazos de cascajo sobre la cabeza. En medio de una calle llena de casas y sin cables de luz encima veía cómo se movían todos los puentes, semáforos, etc. Por segundos creí que todo se desplomaba, cuando todo acabó mi hijo no decía nada, solo me veía, estoy segura que mis medias sonrisas y mis palabras de no pasó nada mi amor, no hacían juego con lo que él veía o sentía en mi. Cuando todos regresamos a los autos abandonados con las puertas abiertas y encendidos, (yo salí y me siguieron muchos más), parece que cuando alguien reacciona, se vuelve una cadena.

Traté de llegar lo más pronto posible mientras hacía llamadas que no entraban, por segundos me conectaba con mi mamá (en Puebla su casa estaba en mal estado pero todos bien, no lloro, no digo nada, mi hijo viene atrás), hablo con mi marido (el alma se me calma un poco), hablo con amigos y mientras avanzo, se va confirmando mi temor más grande desde el 85, muchos edificios colapsados, gente atrapada. Doy órdenes de que los chicos de teatro en la escuela que trabajo no se queden a su ensayo. Grito mensajes de voz que no salen a tiempo porque sólo a segundos hay señal, súbanlos a sus rutas! se tienen que ir a sus casas ya! Desde la escuela (donde sólo fue el susto), mis compañeras aún no entienden la gravedad. Llegué al estudio, tratamos de tranquilizarnos cuando todos estuvimos juntos. Algunas llamadas empezaron a entrar, una amiga me cuenta que al salir de una oficina en la Condesa, a la chica que iba saliendo dos personas delante de ella le cae una reja en la cabeza y muere instantáneamente (no digo nada, mi hijo esta junto a mi).

Llega otra preocupación, cómo estará nuestra casa en la Narvarte, pasaban las horas y era evidente que mi zona era la zona del desastre, logramos llegar a las 6 o 7pm, sólo recuerdo que la luz del sol se iba y que cuando llegué vi mi edificio en pie pero mis vecinos no pudieron decir lo mismo, cuadras y cuadras que parecían sacadas de una película de horror, gente tratando de sacar sus cosas de edificios chuecos, mucha gente en la calle con colchas, colchones, ropa, muebles, todas las calles llenas de escombro, olía a gas, olía mucho a gas. Gente temblaba tratando de prender un cigarro mientras otros gritaban apágalo!, fuga de gas! Entramos al departamento, pocas cosas rotas en realidad pero para Santy, su casa era otra, no había luz, prendimos celulares, linternas, veía los ojitos de horror de mi hijo que preguntaba por qué estaba tan oscuro y después de lo que pareció una eternidad dije vámonos, a donde sea, vámonos! Salimos sin rumbo buscando un lugar con señal y con luz para poder conectar celulares sin pila y comunicarnos, calles vacías, todo cerrado, finalmente en una zona con señal, entra el mensaje de mi amiga Alicia, vente para mi casa, hay luz!, vive a sólo 4 calles de mi depa, regresamos y mi hijo dijo que era la casa más bonita que había visto (sí, el trauma estaba hecho, mi hijo no quería regresar a su propia casa, creía que estaba «fea»).

Mientras mi hijo dormía,desde la ventana de mi amiga veíamos cómo se desplomaba el edificio verde de Enrique Rébsamen (sí, ese donde hicieron hasta lo imposible por encontrar a una señora después de que el video de su hija desesperada se hizo viral, benditas redes sociales), en la madrugada un señor llegó a tocar porque necesitaba dinero, agua, no encontraba a su hija, al otro día la encontraron a tres cuadras, en el edificio de Viaducto y Tonalá (no sobrevivió). Por la mañana pasamos a nuestro departamento, recogimos los pedazos rotos, enderezamos cosas y empezamos a entender que no nos podíamos quedar ahí, sin luz, sin gas, sin agua, todo estaba acordonado, el edificio de junto colapsándos, el del otro lado también, creo que en el shock sólo saqué papeles importantes, medicinas para donar, la ropa que había juntado para Oaxaca y nos fuimos, en el estudio aún no había luz, se cayó un transformador, pero había internet en los celulares y al enterarnos más y más de lo que pasaba por todos lados, el impulso era ayudar, pero cómo, con un niño de 4 años asustado, sin casa en donde quedarnos, a las 5 seguíamos sin luz en el estudio, salimos para que Santy no lo notara, si anochecía no lo podíamos llevar a ningún lugar sin luz, estaba muy asustado, finalmente, la luz llegó en el estudio como a las 7pm. y se volvió nuestro hogar provisional (tenemos suerte dentro de todo).

A la mañana siguiente, Santy y yo nos fuimos a nuestra escuela a ayudar, llevamos la medicina, ropa y zapatos que habíamos sacado, muchas manos, mucha ayuda y nosotros como zombies sin saber qué hacer exactamente. Mi marido se fue a nuestra casa, estábamos oficialmente desalojados, es peligroso le decían, los edificios alrededor no dejan de colapsar, saque lo que pueda. El resto de la tarde tratamos de hacer una «vida normal» por y para nuestro hijo.

Llega la noche, Santy hierve en calentura, logramos controlarla, hoy amanece mejor, me toca ir a buscar ropa a la casa porque no tengo nada y no sabemos cuándo regresaremos, mi hijo se pone nervioso, dice no vayas mami, la casa esta embrujada. Hablo con él, lo tranquilizo y le digo que la casa es hermosa como siempre, sólo no hay luz, le prometo que le voy a traer sus juguetes.

En el camino me sorprende ver que el día del terremoto recorrimos en la noche los mismos lugares y ahora está peor, mucho peor que el primer día. Llego, no me quieren dejar entrar, finalmente lo logro, saco lo que puedo, saco bolsas de comida y la voy regalando en mi camino al coche. No somos damnificados, estamos bien, nuestro patrimonio también, y aún así, me embarga la tristeza por no poder estar en mi casa, la tristeza porque mi hijo vive algo que lo marcará de por vida. Si yo me siento tan mal, cómo se sentirán los verdaderos damnificados, los que realmente sufren una pérdida humana o material… espero nunca nunca saberlo pero mi corazón esta con ellos cada segundo del día.

¿Dónde estaba?