Natalia Hernández Jiménez – Jojutla, Morelos

¿Quién?: Natalia Hernández Jiménez

¿Dónde vive?: Tizapán San Ángel

¿Qué nos cuenta?

Estaba en una reunión de trabajo en Jojutla, Morelos. Justo habíamos llegado hace aproximadamente una hora a las oficinas de Fernandelli, una empresa dedicada a la venta de muebles. Nos habían enseñando las instalaciones. El personal de lugar desde que llegamos, llamaba la atención por su amabilidad y energía. Pasamos a la junta de trabajo. Teníamos planeado hablar sobre un proyecto de recuperación de espacios y tejido social en la zona. Nos ofrecieron café y refrescos para tomar. De pronto sentí que el piso se movía pero pensé que era alguno de los trailer de fuera que había llegado. No recuerdo quién, pero alguien dijo que estaba temblando. Tomé mi bolsa y el cuaderno con el que estaba tomando notas. Escuchaba el bullicio de la gente que intentaba salir del edificio lo más pronto posible. Sentí que alguien me intentó tomar el brazo para bajar, pero apresuré el paso por el miedo de quedarme atorada. Vi a Imanol voltear a verme mientras corría. Un señor a algunos pasos adelante de mí se cayó al piso mientras iba corriendo. Bajar las escaleras se sentía una eternidad, y no podía siquiera enfocar bien la mirada. Sólo veía el estacionamiento como el lugar al que tenía que llegar a como diera lugar. Al final lo logré, y lo primero que hice fue ver mis manos las cuales no paraban de temblar. A lo lejos busqué a mi hermana quién salía del edificio con cal y polvo en la cabeza y la espalda. Estaba bien, pero quería saber de mis papás. Pudimos localizar a mi mamá, quien estaba bien, pero mi papá no se había reportado. Sentí un golpe en el pecho y comencé a llorar. Solamente de imaginar que se había quedado atrapado en la Central de Abastos me rompía el corazón.

Después de salir de Fernandelli, le dimos aventón a una señora que no lograba comunicarse con su familia y estaba desesperada. De ahí intentamos retomar camino a la Ciudad de México. En el radio solamente escuchaba que la Ciudad de México había colapsado. No lograba dejar de llorar. Cuánta impotencia por no poder salir de Morelos. La carretera estaba muy dañada también. Muchos puentes se cayeron al igual que existían miles de grietas.

Después de alrededor de 3 horas en las que buscamos el camino para salir, llegamos a la Ciudad de México. Mis papás nos recibieron a mi y a mi hermana con abrazos, besos y apapachos.

Mi corazón, al igual que la Ciudad de México se recupera poco a poco de esta experiencia que se quedara por siempre en mi memoria.

¿Dónde estaba?