Gabriel Revelo – Portales Oriente

¿Quién?: Gabriel Revelo

¿Dónde vive?: Portales Oriente

¿Qué nos cuenta?

Un día antes del sismo me sometí a una operación. Debido a que la cirugía es considerada de bajo riesgo ese mismo día fue dado de alta y regresé a mi casa donde en teoría, debía pasar las dos siguientes semanas en reposo pues debo evitar caminar.

Aunque adolorido, mi recuperación de la operación iba viento en popa. Estuve acostado todo el tiempo y sólo me levantaba para ir al baño, tal y como señalaban las indicaciones medicas. Cerca del mediodía del martes 19 de septiembre me bañé con mucho cuidado y dejé que Tania, mi esposa, me limpiara la herida. Para permitir que se ventilara me recosté sólo con una bata y me puse a leer un poco.

Mientras tanto Tania salió por un momento para realizar unos pagos en la tienda Liverpool ubicada en Insurgentes.

Una hora después, par ser exactos a las 13:14 hrs. sentí que la cama se movió ligeramente. Tras dos segundos el movimiento aumentó y me obligó a ponerme de pie justo en el instante en el que comenzó a sonar la alerta sísmica.

Todavía seguía en bata, por lo que instintivamente busqué un calzón y me lo puse. Las sacudidas trepidatorias incrementaron fuerza y dentro del departamento todo comenzó sacudirse con violencia: Los cajones se abrieron, los libros se cayeron del librero, el agua de la pecera donde está nuestra tortuga se balanceaba violentamente.

Me sentí como Rick cuando despierta adolorido y abandonado en un hospital, en el primer capítulo de The Walking Dead.

Tomé a Cirilo (nuestro perro pug) entre mis brazos y salí corriendo. Atravesé el pasillo y en las escaleras me topé con otros vecinos que también bajaban desesperados. Llegué a la planta baja y encontré al vigilante hincado en la entrada del edificio (más tarde me enteraría que la fuerza del temblor lo había tirado).

De reojo vi que algunos pequeños pedazos de concreto caían de la fachada del edificio de enfrente, y también que una de las rejas del estacionamiento del mismo complejo estaba doblada. Para colmo, el transformador de luz de la esquina comenzó a sacar chispas mientras se movía terroríficamente.

Nunca sabré cómo en cuestión de segundos terminé a la mitad de Calzada de Tlalpan, a pesar de tener 24 horas de haber sido operado. Aunque horas antes me dolía dar un paso, la adrenalina me había hecho salir a toda velocidad cargando a mi perro.

Lo aterrador vino en cuanto dejó de temblar. A lo lejos se veían nubes de polvo indicativo de que algunas construcciones se habían venido abajo. La gente salía de todos lados, había niños espantados, señoras llorando, personas desesperadas por saber dónde estaban sus seres queridos.

Me reuní en el exterior del edificio con algunos vecinos y entonces una punzada me recordó mi operación. Noté que en el piso de la recepción había pedazos de porcelana de uno de los floreros que decoraban el lugar. Caí en la cuenta de que estaba descalzo y vestía sólo una bata y ropa interior.

Cinco minutos después regresé al departamento por mi teléfono móvil y aproveché para ponerme tenis y ropa. Al entrar me encontré con varias cosas tiradas y desordenadas, pero en general no había ningún daño en paredes y estructura. Escuché sonar mi celular: era Tania, al escucharla sentí un gran alivio. Me contó que el temblor le agarró en el sótano de la tienda pero que fue evacuada sin problema alguno. Me dijo que regresaría de inmediato aunque no sabía cuánto tiempo tardaría pues el transporte público y las calles ya estaban colapsando. .

Regresé a la entrada del edificio. Sorprendentemente mi iPhone aún tenía señal y servicio de datos. Comencé a ver fotos de edificios que se vinieron abajo y a leer sobre el caos que reinaba en la ciudad. En redes sociales escribí que estábamos bien. En mis adentros agradecí estar vivo y me senté en la banqueta para no estar tanto tiempo de pie, mientras platicaba con los vecinos que seguían afuera.

Cerca de una hora después llegó Tania. Recorrió buena parta de la avenida Popocateptl caminando y me dijo que la situación en las calles era terrible. Aún así estábamos juntos y eso era lo más importante, nunca se lo dije, pero tenerla a mi lado me dio la confianza de qué saldríamos bien librados de esta.

El resto de la tarde no tuvimos luz y la señal de nuestros teléfonos se perdió. Comimos en una fonda cercana y compramos pila para escuchar la radio. Nos enteramos de la verdadera gravedad de los daños pero también supimos que la sociedad, junto al ejército, los bomberos y la Marina ya estaban emprendiendo labores de rescate.

Tania iba y venía con información sobre lo que estaba pasando afuera del edificio, mientras yo permanecía acostado en la cama mientras la oscuridad caía y ese martes maldito llegaba a su fin. De haber sabido que un sismo devastaría buena parte del centro del país no me hubiera operado justo un día antes, pero ya lo dice John Lennon, “la vida es eso que pasa mientras haces otros planes”.

Afortunadamente todos nuestros seres queridos estaban bien y nuestro departamento y edificio también.

Fue alrededor de la 1 de la mañana del miércoles 20 de septiembre cuando regresó la luz a nuestro hogar. De inmediato prendimos el televisor, pusimos a cargar nuestros teléfonos y checamos las redes sociales.

El tener el ruido del televisor nos ayudó a pasar esa noche, donde el sonido de las ambulancias y los helicópteros no cesaba nunca.

Estos días hemos intentado ayudar cómo podemos mandando cosas a los centros de acopio. Por desgracia no puedo salir y me siento un tanto inútil al ver cómo la gente se está partiendo el alma en las calles mientras yo estoy tirado como estrella de mar. Esta convalecencia me hace ver esta tragedia detrás de una pared de cristal de la que por ahora no puedo salir. Y duele, duele mucho no estar al 100 justo cuando mi país lo necesita.

Aún así, sé que todo esto recién empieza y que en un par de semanas ya tendré tiempo de ayudar de forma más activa.

¿Dónde estaba?