Canek Zapata – Cuauhtémoc

¿Quién?: Canek Zapata

¿Dónde vive?: Doctores

¿Qué nos cuenta?

Estaba cerca del metro Chapultepec, en una esquina sin número entre Lieja y Reforma. Ese día había sonado la alarma sísmica por el simulacro a las 11, S y yo no bajamos los 5 pisos del edificio donde vivo. Realmente no me causan pánico los temblores: el del pasado 7 me había agarrado en ese quinto piso, y como el día anterior la alarma sísmica había sonado por error cuando oí la alarma del 7 pensé que seguro ese era un simulacro, y al principio de la alarma no quería bajar, después, decidí bajar para fumar un tabaco abajo, así me puse a buscarlos pero no los encontré facilmente y bajé con la misma sensación del día anterior: la rutina de no correr, no empujar, no gritar. Cuando llegue a la planta baja de mi edificio me sentía mareado. No recuerdo nunca haberme sentido mareado en un temblor.
En cambio el 19 me agarró en un piso abajo del nivel de la calle. Estaba la oficina llena, recuerdo que alguien dijo tiembla y se levantó rápidamente. Yo lo hice en calma. Ya estaba saliendo de la oficina cuando me acordé que tenía el celular en la mochila y me regresé para tomar la mochila, abrí mi botella de agua y tomé unos tragos y por alguna razón me quedé con la tapa. Subí las escaleras con toda la oficina y nos quedamos en el paradero del metro Chapultepec. Al salir me sorprendió oír como suena la estela de luz cuando se mueve, pero realmente me di cuenta que temblaba cuando vi las peseras como si se columpiaran de un lado a otro. Muchos estaban asustados, algunos en pánico. Después de unos minutos la angustia de no tener celular se empezó a magnificar. Eventualmente llegó A en una bici y nos contó que al lado de ella vio salir polvo de unas casas en la Condesa. Yo creía que era un sismo como los que siempre he vivido, de esos que hacen rutinario, después de 32 años de vida, el no corro, no grito no empujo.
A estas alturas no sabía porque no volvíamos a las oficinas, tampoco porqué no teníamos señal, ni si debía o no cabulear a los compañeros sobre la angustia que les generó el sismo. Lamentaba tener la tapa de mi botella de agua y no la botella porque tenía sed y la boca seca. Y aquí fue cuando el día para mi se tornó completamente raro: los policías nos pidieron meternos al bosque de Chapultepec, había fuga de gas. La imagen de que alguna de las tres torres que veo todos los días se cubriera en fuego realmente me aterró.
Una vez en el bosque, entré pensando que me parecía sumamente extraño que nunca hubiera ido al bosque de Chapultepec con los de la oficina por placer, y ahora estábamos llenando todo el camino al castillo con las oficinas de los corporativos de reforma y nosotros, vestidos como estudiantes fachosos. Me impacto ver en el piso pedazos de los adornos del camino al castillo, no sabía lo que venía. Estuvimos ahí más de media hora y seguíamos sin poder contactar a nadie por teléfono. A M le faltaba pila y estaba con miedo porque no localizaba a su hija. Yo moría de sed. Eventualmente nos dejaron volver a las oficinas por nuestras cosas, el día laborar había terminado, que intentáramos contactar a nuestros seres queridos. Al llegar a la oficina vimos en las computadoras las primeras señales del desastre. Yo no sabía qué hacer, no tenía la menor idea de si mi departamento seguía existiendo.
Salimos en grupo, con dirección al sur, unos a la Narvarte, otros a la Portales. La caminata sería larga. Yo fui el primero que me desprendí del grupo cuando sobre Sonora llegamos a Durango. Traía mi mochila y mi botella de agua, que acababa de rellenar y que debería haber metido en la mochila pero que el camino traía en la mano. Durango me aterró. Ver un hospital desalojado fue la primera señal. Después la cantidad de gente caminado en la calle. Las calles aledañas cerradas por fugas de gas. La gente, caminando casi toda en grupos, en ambas direcciones con las miradas y las expresiones de duda, de pasmo. Como si nadie estuviera seguro que se debería estar moviendo y nadie estuviera seguro de si encontrarían su destino. Creo que eso fue lo que más me impresionó. La expresión de la gente que va a algún lugar sin tener la menor idea de qué van a encontrar.
En la fuente de la Cibeles donde había un poco más de autos en la calle pero aún, la plaza estaba llena. Yo no dejaba de intentar marcar por teléfono a mi madre. Ya habían salido los mensajes de whatsapp, pero no tenía respuesta. Cruzar insurgentes fue raro. Parecía que lo autos no nos iban a dejar, y vi como los policías cerraban la estación de metro bus. Al llegar a plaza río de Janeiro había logrado comunicarme con mi madre y con S. Estaba más tranquilo pero no sabía si encontraría mi edificio de pie, lo cual me causaba la sensación de no saber para qué caminaba hacía él.
Nunca había visto las calles tan llena de gente. Y aún así el tráfico era inaudito: los autos parecían no moverse. Cuando estaba a un par de cuadras de Cuauhtémoc y de poder ver mi edificio, vi una comida corrida y me metí. No sabía si estaba preparado para ver si tendría hogar para el día de hoy. Eventualmente tomé fuerzas para ver si estaba de pie mi edificio y al llegar a Cuauhtémoc ver lo edificio de pie fue un alivio. No había nadie en la puerta que me dijera que no podía entrar al edificio, pero pensé que no era buena idea subir en el elevador. Así que subí por las escaleras y pude ver que las paredes tenían el recubrimiento de yeso cuarteado, y conforme iba subiendo el daño era menor. Supuse que mi departamento lo encontraría todo tirado. Los libros, los cuadros. Entré a mi departamento y me di cuenta que no había pasado gran cosa y a los minutos llegó uno de mis roomies y su novia. Estuvimos conversando y bebimos mezcal. No había agua en el edificio así que ellos se irían al norte y yo al centro de la ciudad con S. Eran las cuatro de la tarde. Horas después desalojarían, por segunda vez en el mes, dos de las torres de mi unidad. Mientras que en otra de las torres no dejarían entrar a la gente por fuga de gas. Yo quedé de ir a casa de S en el centro. Salí a casi a las 5, con mi computadora y una muda de ropa. Regresé a los 10 minutos porque olvidé mi celular. Supongo que estaba impactado. Caminaba lento y me puse los audífonos con música sonando en el cuello pero nunca los levante a los oídos. Caminé hacia la Ciudadela y de ahí a Ayuntamiento, nunca había visto Balderas y Ayuntamiento tan solitario. Era como un pueblo fantasma. Debo haber visto como 10 personas desde Balderas hasta el mercado de San Juan. Incluso eje central parecía abandonado. Era el contraste absoluto de lo que fue caminar por Durango. Pero veía el temblor. Vidrios en las aceras, pedazos de concreto en las banquetas y las caras de las personas que van a algún lugar sin tener la menor idea de qué van a encontrar. Eventualmente llegue a Bolivar y de ahí a la calle de Regina con S. Bebimos un té y revisamos internet. Recuerdo que cerré mi computadora a las 7 pm y me quedé dormido poco después.
Creo que nunca he sentido tanta humanidad, tanto cariño y tanto orgullo como lo que he visto estos últimos días. La gente apoyándose sólo por estar vivos y ayudándose hasta en lo imposible. Espero que nos sirva de ejemplo para poder imaginar otro mundo, uno diferente, donde lo que hemos aprendido sirva no sólo en un evento, sino en lo cotidiano.

¿Dónde estaba?