Alejandro Borbolla – Cuajimalpa

¿Quién?: Alejandro Borbolla

¿Dónde vive?: Cuajimalpa

¿Qué nos cuenta?

Gracias a un horario envidiable, en mi primer semestre en la universidad tuve la fortuna de no tener clases todos los martes. Aquel nefasto 19 de septiembre de 2017 no fue la excepción y conté con la suerte de permanecer en la seguridad de mi hogar mientras la Ciudad de México se sumergió en el caos. Sin embargo, eso no me exentó de vivir de cerca uno de los hecho que, sin duda, se quedarán grabados en la memoria de todos los capitalinos.

En la mañana del 19 de septiembre, yo estudiaba en mi cuarto para un examen que tendría al siguiente día, cuando, a las 11 de la mañana, sonó la alarma sísmica. Se trataba del simulacro anual que se realizaba en conmemoración de aquel fatídico sismo de 1985. Era la primera vez que escuchaba el distintivo sonido de la alarma sísmica desde mi hogar. Consiente que era tan solo un simulacro hice caso omiso y no interrumpí mis estudios.

Fue casi dos horas más tarde que el movimiento telúrico azotó la capital. Yo continuaba sentado en mi escritorio cuando sentí un movimiento fortísimo, sin precedente alguno para mí. A pesar de que mi casa se encuentra en Cuajimalpa, una de las zonas altas y poco sísmicas de la ciudad, la tierra se sacudía con una furia terrorífica. Al escuchar como crujían las paredes de mi casa, instintivamente salí a la seguridad del patio. Todo se movía frenéticamente, la alarma sísmica únicamente contribuía a ese ambiente de caos. Parecía que todos los árboles, postes de luz y la misma casa se derrumbarían sobre mí. Una señora que trabajaba en mi casa y que fue testigo de la tragedia del 85 me tomó del brazo y rezó desesperadamente por sus hijos.

Una vez que la tierra cesó de temblar subí a mi cuarto y miré por la ventana para ver si Santa Fe, la zona corporativa de la ciudad, seguía de pie. Sé que suena absurdo pensar que semejante zona, con edificios modernos construidos en un terreno estable, se viera afectada. Sin embargo, en esos momentos pensé que toda la capital mexicana estaría devastada. Seguí el ejemplo de la empleada de mi casa y le rogué al Señor por la salud de todos los capitalinos, particularmente mis familiares. Pareciera que Dios escuchó mi oración porque poco después mis papás y mi hermano se reportaron con bien.

Inmediatamente después prendí la televisión y puse el noticiero. No se reportaban daños y parecía en esos momentos que no fue nada más que el susto. Pasó casi una hora para que, principalmente por redes sociales, empezará a comprender la magnitud de la tragedia. Edificios colapsados, cientos de personas removiendo piedras por doquier y gente rescatada serán imágenes que jamás podré olvidar.

¿Dónde estaba?