Ximena Rojo de la Vega – Doctores

Quién: Ximena Rojo de la Vega

Dónde vive: Viveros de Coyoacán

Qué nos cuenta:

Estaba en Televisa Chapultepec impartiendo un curso de redacción. Ese día salí de mi casa en el momento del simulacro y no le di mucha importancia: estaba pensando ya en la urgencia del trabajo. Llegué a la oficina para revisar unas cosas con mi jefe y después a dar el curso. Para eso, decidimos ir a la cafetería que está en un tercer piso. Estaba a la mitad de una oración cuando sentí el primer jalón. Me interrumpí, pregunté “¿Está temblando?” Volteé a ver a todos mis compañeros —mis amigos— y vi sus caras de terror. Lo confirmó Clemente, “Está temblando, vámonos”.

En medio del terror y las prisas decidí abrazarme a mi laptop. Bajábamos las escaleras con el miedo más absoluto, y todos actuábamos una calma imposible, irreal. Al llegar al segundo piso casi nos caemos. Las escaleras no dejaban de moverse, empezaron a caerse cosas. Por un segundo dudé si lo mejor era quedarme, pero mientras tenía esa duda bajaba tan rápido como podía. No recuerdo nada hasta que salí a la calle. Quedé en blanco y aún tengo lagunas sobre lo que pasó en ese momento. Caminaba entre grupos de mis amigos de un lado a otro y le escribí tan rápido como me permitió el temblor (ahora de mis manos), a mi hermana y a mi mamá. Se reportaron enseguida: estaban bien. Entonces abrí Twitter y empecé a ver el horror. Edificios caídos. Uno, dos, tres… La cuenta subía y subía mi terror. Seguía abrazada a mi laptop y me di cuenta de eso, así que se la di a Manuel, el editor, que empezó a trabajar, sentado en el camellón de Av. Chapultepec mientras la tierra seguía moviéndose.

Pasamos varios minutos bajo el sol. Comimos dulces. Algunos prendieron cigarros y tuvieron que apagarlos inmediatamente. Empezaron las ambulancias, la gente corriendo, el llanto.

Subimos a la redacción y nos dimensionamos la situación. Yo lloraba mientras escribía y pasaba notas a mis compañeros. Pasaban también las horas y seguía el miedo, la taquicardia. Trataba de calmar a mi hermana mientras trataba de calmarme a mí y seguir trabajando. Dejamos de saber de mi mamá y pensábamos lo peor, pero los teléfonos estaban colapsados. Logramos hablar con ella y se fue con mi hermana a la casa. En cuanto las escuché me volvió un poco de vida al cuerpo.

Pasaron las horas. No podía más del cansancio y mis amigos me acompañaron a mi casa. Nos fuimos en metro. Cada que frenaba o se detenía de golpe, nos abrazábamos a nuestras mochilas. De Balderas a Viveros cada vez más asustados. Cuando llegué a mi casa me solté a llorar. Vivo en un cuarto piso y cada que subía las escaleras veía más grietas, más polvo. Vi a mi hermana y nos abrazamos y lloramos. Igual cuando vi a mi mamá.

No se me ha quitado en miedo, ni la ansiedad. Tengo culpa de estar a salvo, de estar viva. No tengo ganas de escuchar música ni de reírme. Me queda muy claro que nadie volverá a ser el mismo, y aún no sabemos hasta qué grado, a casi una semana, sigo lidiando con eso, y francamente no sé hasta cuándo seguiré sintiéndome así.

¿Dónde estaba?