Tania Yael Romero Zenil – Línea 12 del metro, entre Periférico Oriente y Calle 11

¿Quién? Tania Yael Romero Zenil

¿Dónde vive?

¿Qué nos cuenta?

Me dirigía a Ciudad Universitaria ya que actualmente soy estudiante de licenciatura en Historia.Me localizaba en la línea 12 entre las estaciones Periférico Oriente y Calle Once, donde el metro va elevado. Se encontraba lleno, pero no con la cantidad de gente que hay a una hora «pico». Estaba frente a la ventana, parada mientras leía para mi clase, de pronto se empezó a sentir un ligero tambalear del vagón a la par que se detuvo completamente (aunque ciertamente no recuerdo que sucedió primero), en cuanto más personas se dieron cuenta de lo que estaba pasando, el pánico y la alarma apareció, detrás dos señoras se hincaron y se pusieron a rezar en voz alta (gritar en los momentos de más intensidad), una chica comenzó a llorar, los niños les preguntaban desesperados a sus papás que estaba pasando. En cuanto a mi, no supe como reaccionar, simplemente no creía que estuviera sucediendo, lo sentí como un sueño o pesadilla.Pensaba en la fragilidad del cuerpo y del ser humano, pese a todos los mecanismos y estrategias que ha creado para autoprotegerse. Como el vagón se movía demasiado y muy violentamente, me aferre lo más que pude al tubo con la mano derecha, que era la que tenía libre y de no ser así me habría caído, en un inicio quise cerrar los ojos y esperar a que terminara, sin embargo no podía despegar la vista de la ventana ya que afuera se encontraba un poste de luz y un árbol, los cuales pensaba que en cualquier momento se iban a caer, además podía ver como se movía y escuchar el crujir de un edificio en el cual se encuentra una panadería. Al terminar la tensión y sobretodo la sosobra por saber como se encontraban nuestros seres queridos se hizo presente. Además de la necesidad de salir de ese lugar, que con el transcurrir del tiempo y sin aire acondicionado se volvía claustrofóbico e insoportable. Era un manojo de nervios, toda yo estaba temblando, hice ejercicios de respiración. Guarde mi lectura, la volví a sacar intenté leer para calmarme pero no pude, la volví a meter en mi mochila, saque mi teléfono y busqué mis audífonos, una vez más tome mis copias y puse música, me di cuenta que lo que estaba haciendo no servía de nada, salvo para ponerme más nerviosa, guarde en definitiva mi texto, me quite el suéter ya que hacía mucho calor, me ate el cabello e intente contactar con mi familia y amigos, sin embargo no me fue posible, solo recibí un mensaje de mi hermana diciéndome que ella estaba bien. Posterior a ello puse el radio mientras esperaba que nos desalojarán, mi mayor temor hasta ahora era una replica en ese mismo lugar. Después de un rato comenzamos a avanzar hacía el primer vagón y así caminar lo que restaba para llegar a la estación Calle Once, al rededor mío venían personas hablando sobre presentimientos de que no sería un buen día y se hubieran quedado en sus casas, así como comentarios alusivos a Dios y a la religión. Ese día pese a saber que toda mi familia y amigos se encontraban bien me sentía muy asustada, dormí sin embargo no pude descansar.El miércoles fui a donar a un albergue cercano a mi casa, después de ello me uní a personas que no conocía de nada para ir dejar más víveres. Actualmente me siento impotente por no ayudar lo suficiente, aunque ya participé como voluntaria en centros de acopio e intento compartir información verídica y actualizada en mis redes sociales; además de hacer una petición para que los directivos de la UNAM permitan que habrán las regaderas a la comunidad universitaria en general. Se que quedan muchas cosas por hacer y aún seré de ayuda en un futuro, además de que esas pequeñas participaciones en colectividad me hacen recobrar la fe y esperanza en la humanidad. Por otro lado aún siento que todo es un sueño y que mañana despertaré como si nada hubiera pasado.

¿Dónde estaba?