Sofía Nahuiquetzalli Ramírez Luna – Sinatel

Quién: Sofía Nahuiquetzalli Ramírez Luna

Dónde vive: Iztapalapa

Qué nos cuenta:

Estaba no haciendo nada en mi cama, junto a mi gato, cuando yo sentí el primer movimiento y mi gato se despertó. Pregunté en voz alta a la persona que nos ayuda a la limpieza de la casa (que era la única otra persona en mi casa), «¿Esta temblando?», ella me respondió:»Ay, ¡creo que si!». Intenté tomar a mi gato y meterlo en su transportadora como en el simulacro, pero no se dejó por el miedo del movimiento; entonces la tomé en brazos pensando en bajarmela asi, sin embargo, lo pensé mejor y temí que se me escapara de esta forma, asi que la bajé al suelo y le dije corre (sabía que se iría a esconder, esperando que fuera un lugar seguro). Entonces tomé mis llaves y le dije a la chica que nos apoya que se viniera conmigo que teníamos que salir.

Teníamos que bajar 2 pisos por escaleras, y se movía bastante el suelo; cerrando la casa para que ni mi gato ni el de mi mamá se salieran corriendo. Empezamos a bajar, la mujer que nos ayuda en la casa estaba muy asustada y no quería moverse, empezaba a decirme: «¡Esta muy fuerte!», le dije:»Si, pero tenemos que bajar; tenemos que salir del edificio», mientras bajábamos al siguiente piso. Ahí apareció una vecina, que tampoco quería bajar, pero ya venía agarrando del brazo a la muchacha que apoya en mi casa, jalándola un poco, diciéndole: «si esta fuerte, pero estoy agarrada del barandal, si llegamos». Justo en eso escuché apenas la alarma, que solo sumaba el pánico. La vecina solo me dijo: «Esta muy fuerte, no creo que sea buena idea bajar», yo seguía diciendo: «Tenemos que bajar». Al fin logramos llegar al piso de abajo, abrí la puerta y deje pasar a la muchacha de apoyo en mi casa; entonces le dije:»Ya estamos aqui, si quieres agárrese del poste de enfrente»; la muchacha se recargó en este y se puso a llorar un poco, queriendo evitarlo, pero muy asustada.

Entonces la abracé, porque yo había volteado a mi edificio y lo vi moverse como nunca, la abracé y le dije: «tranquila, todo va a estar bien, nosotras ya estamos aquí abajo». En ese momento pensé: tal vez esta vez si se caiga mi edificio, espero mi vecina baje… espero mis gatunas estén bien». Seguía abrazandola mientras volteaba a la casa de enfrente, viendo el sol pegandole como si fuera un hermoso día, pero no. Casi nadie de mi callé salió porque estaban en sus escuelas o trabajos; la única que lloraba era esta chica y yo estaba ahi, intentando calmarla aunque yo fuera más joven que ella.

Mi edificio resistió sin ningún daño, pero casi todos los que vivimos en él regresamos hasta las 6 de la tarde, y nos dio la noche sin luz, pero entre velas todos nos contabamos en mi casa que estabamos haciendo y que hicimos cuando tembló.

¿Dónde estaba?