Ilse Rodarte – Centro Histórico

Quién: Ilse Rodarte

Dónde vive: Narvarte

¿Qué nos cuenta?:

Mi 19 de septiembre.

(Ciudad de México, 19 de septiembre)

Lo que al parecer sería un típico martes de mi vida, se convirtió en un día inolvidable para una sociedad.

Después de llegar al Centro de la Imagen para seguir con la coordinación de una serie de actividades para sacar adelante un festival de fotografía que se festejaría al mes siguiente, mis compañeros, a las once de la mañana, me llamaron para un simulacro en memoria del terremoto de 1985. Yo, con mucha decidía, participé en ese acto colectivo que a fin de cuentas es un acto que promueve una educación sísmica. A las once y 20 minutos de la mañana, después de finalizar el simulacro retomé mis actividades. Contestar veinte correos, hacer cinco llamadas telefónicas, coordinar la producción paralela de un evento de música en la Unam, pedir una factura, comer una manzana, tener una junta exprés para hacer una presentación del festival para un evento de de arte, etc.

Así, en el minuto en el que me encontraba respondiendo un correo electrónico que posteriormente dejaría como borrador, el piso del CI cimbró. Volteé a ver a mi jobmate y a los chicos de servicio social, y lo único que dijimos fue: Esta temblando. En cuestión de microsegundos, vi mi escritorio, tomé mi cartera y mi celular y seguí a todo mundo. Todos mis compañeros tratamos de salir por la misma y única puerta que horas antes habíamos cruzado con la mayor calma posible, pero en ese momento, cruzarla se convirtió en uno de los mayores retos. El piso se movía, la rampa y las escaleras también. La coordinación mental y física entre la acción de pisar y los pies estaba desfasada. Nunca me había costado tanto trabajo mantenerme de pie. Logramos salir todos, con cara de shock y desconcierto. ¿Todos bien? Nos preguntábamos. Lo primero que hice fue preguntar en mis grupos de Whatsapp consentidos, los de mis amigos, si estábamos bien. Después en el FB, revisé Twitter y vi los primeros videos de los edificios caídos. Casi todos mis amigos contestaron excepto dos. Uno que trabaja en el Banco de México y otra que se encontraba en su casa minutos antes. Dada mi ubicación decidí ir al banco. En el caos tomé mis cosas, me despedí y salí con mi jobmate hasta que mi amigo contestó. Mi jobmate siguió su camino y yo esperé a mi amigo del banco en metro Júarez. Desde ahí caminamos hasta la Narvarte, nuestra colonia y en el transcurso fuimos viendo las consecuencias de lo que había ocurrido. Edificios caídos, gente sin transporte, gente llorando y desconcierto.

Una de mis amigas no contestaba. Llamé varias veces sin éxito, una tía de otra amiga le marcó desde Colombia y también sin respuesta. Pasó una hora, paso otra y decidí ir a buscarla. Llegué a mi casa, vi un cristal roto, una planta caída, mi cajonera tirada. Me puse los tenis y salí rumbo a la colonia Nápoles a buscar a mi amiga que seguía sin contestar. En el camino me encontré a mi roomie, nos abrazamos, comentamos rápido lo sucedido y seguí mi camino. Llegué al edificio de mi amiga y estaba intacto. Salieron unas vecinas y les pedí que me dejaran pasar para tocar en su departamento y saber si estaba ahí. Subí dos pisos, toqué la puerta y salió su chico. Lo abracé, pregunté por ella y ahí estaba. La abracé ahora a ella, y me tranquilicé.

Después otro amigo llegó y la organización surgió. Revisamos el mapa colectivo de daños y él fue a verificar dónde hacía falta ayuda.  Nosotras preparamos unos sándwiches, ella vació todo su botiquín y salimos a la calle a buscar un centro de acopio que una hora antes, mi amigo centinela nos había indicado. Estuvimos ahí gran parte de la noche siendo parte de una cadena humana para la organización de los víveres en el CUM. Regresamos a su casa con la espalda tiesa y adolorida, veíamos las noticias y nos organizábamos para el día siguiente.

Así fue, mi 19 de septiembre del 2017.

¿Dónde estaba?