Elizabeth Hernández – Coyoacán

Quién: Elizabeth Hernández

Dónde vive: Coyoacán

¿Qué nos cuenta?

El día 19 de Septiembre de 2017, me encontraba de nuevo preparándome para un día más en mi servicio social en la clínica de admisión de la facultad de Odontología, al terminar mi rutina de higiene personal, mi papá se había despedido de mi, él iba a su trabajo y yo, una vez más iba tarde a mi destino, ya estaba por colocarme el rimel en los ojos, sentí el tronar de mi habitación, un jalón muy fuerte y después, el sonido de la alarma sísmica me hizo salir casi corriendo por las escaleras, una vecina preocupada con su bebé en brazos, no podía avanzar debido al movimiento, la abracé y salimos juntas, no dejaba de temblar, aún seguía el movimiento, los autos de los vecinos parecían simplemente no tener colocados los frenos de mano, ya que tenían movimientos violentos hacia delante y atrás, cuando comenzó a disminuir el movimiento, vi a mi papá regresar corriendo para ver cómo estaba, lo vi nervioso y muy ansioso, le dije que estaba bien, que se quedara fuera en lo que yo subía de nuevo por mis cosas porque ya era tarde, agarré mi bolsa que tenía mi libro habitual, un suéter y salí.  Caminando por la colonia no había electricidad, la gente estaba fuera, los niños llorando, otros preguntando ¿Qué es lo que pasa?, cerca de metro CU, en la calle, los niños de un preescolar sentados en el suelo, cantando para distraerse, con las profesoras llorando de miedo, al llegar a la zona con puestos de discos, lámparas, etc., los conductores de radio mencionando que habían edificios caídos en ubicaciones cercanas, de personas atrapadas, con miedo, hasta ese momento no había imaginado la magnitud que éste movimiento había tenido, pensando tal vez erróneamente, que simplemente era un temblor, como cualquier otro, como el del 7 de septiembre, que no había tenido repercusiones que lamentar, pero no, la realidad era distinta en esta ocasión.

         Al llegar a la parada de los «pumabus», encontrando a un compañero del servicio, narrámos lo que habíamos vivido, viendo a nuestro alrededor como todos nuestros compañeros ya iban regreso a sus casas y por mi mente pasando la idea de que el Metro no iba a tener funcionamiento.  De camino a mi facultad, mucho tráfico, todos queriendo salir a prisa de CU por la salida de la calle «cerro del agua», al pasar mucho tiempo parados ahí sin poder avanzar, decidimos caminar, pero él, en un grupo de WhatsApp comunicándose con mis compañeros y enterándonos que habían iglesias caídas, «socavones» y por ende mucha dificultad para llegar a CU.  Al llegar e intentar pasar por Fac. de Medicina, estaba acordonada y tuvimos que caminar por el circuito, mucha gente caminando, con expresión distante, otros expresando la preocupación por querer llegar rápidamente con sus familiares… Por fin llegamos a Odontología y nos encontramos con los académicos gritando hasta agotar la voz, organizando el desalojo y recuperación de todo el instrumental y pertenencias dejadas en cada una de las clínicas del edificio, por primera vez viendo a esos profesores con gesto preocupado pero con ese coraje necesario para poner orden y tranquilidad en los estudiantes y pacientes alterados, con toda la plantilla estudiantil desalojada y preocupada, espantada, con crisis nerviosas y necesidad de oxígeno, platicando de como una de nuestras compañeras había tenido un accidente al desalojar el edificio con un ladrillo que cayó del mismo, ver a muchas personas fuera y describiendo sus propias anécdotas durante el sismo pensé en cuan afortunada había sido al encontrarme en casa y vivir el sismo sola, sin tanta gente y llegar fuera en cuestión de segundos, ya que ellos habían tardado más, con angustia y desesperación por estar a salvo.  Pensar en que horas anteriores durante el simulacro tal vez muchos pensamos que era una pérdida de tiempo (yo en alguna ocasión lo creía así) y ahora ver la importancia de saber qué y como actuar durante un terremoto.

        Las líneas telefónicas colapsadas, los mensajes intermitentes, mi mamá de viaje y mi hermano en la Fac. de Arquitectura, hasta ese instante sin saber de ellos, saber si estaban bien o nerviosos como yo.

       Al llegar a casa, mi hermano por fortuna ya estaba en casa, pensé en lo maravillosa que es la vida, al permitirme saber con bien a mi hermano, a mi mamá que ya se había comunicado y a mi papá que se encontraba trabajando, muchas personas no tenían la misma suerte que yo, ahora a actuar de manera distinta, aprovechar la nueva oportunidad que desgraciadamente no muchos tienen en este momento.

        En la noche, acudiéndo junto con mi hermano a las brigadas que convocó la UNAM, nos dimos cuenta de un México que es solidario, que deja de hacer las cosas más importantes o incluso dejándo de lado la seguridad misma por ayudar a encontrar a más personas, fuímos parte de la brigada 61 que era conformada por 20 personas, hasta donde supe, éramos 150 y tantas brigadas de 20 personas cada una, yo pensando que la juventud de la cúal soy parte era apática y «valemadrista» ahora salía a las calles a poner de pie a la ciudad, en los lugares donde supimos hubo urgencias, ya no eran necesarias las manos, ya estaban saturados de personas dispuestas, regresamos a casa.  El día de ayer acudimos a preparar y repartir comida a las personas voluntarias y de nueva cuenta nos encontramos con una comunidad mexicana participante, abastecida hasta la exageración de comida, entonces hasta el día de hoy, guardamos esas energías para cuando sea necesario, ahora estamos consientes de que se necesitarán reelevos y que nuestros hermanos ciudadanos se encuentran con la ayuda suficiente en todos los aspectos, por eso ahora tratamos de guardar la calma y descansar, porque no tardamos en saber que vamos a ser requeridos, para cuando eso ocurra, trabajaremos hasta el cansancio para salir adelante de ésta catástrofe que a pesar de todo no nos derrumbó completamente, más que eso, nos aumentó el sentimiento de sentirnos verdaderamente orgullosos de pertenecer a éste pais, que no sólo es el nombre de México, no sólo es su bandera, no sólo es su hermoso himno, realmente somos aquellos hijos, «UN SOLDADO EN CADA HIJO» los cuáles ahora hasta más allá del quiebre de las energías estaremos ahí

¿Dónde estaba?