Eduardo Gutiérrez – Azcapotzalco

Quién: Eduardo Gutiérrez

Dónde vive: Azcapotzalco

Qué nos cuenta:

Vivo en unos departamentos que están cerca del Pabellón Azcapotzalco y del Parque Bicentenario. Estaba organizando mi cuarto mientras estaba en mi silla cuando sentí un leve tirón. Poco después vino la sacudida fuerte y la alerta sísmica. Todo esto sucedió en menos de 3 segundos. Me levanté sin pensarlo, ya que ni agarré mis llaves ni cerré mi laptop, ni apagué mi música, ni apagué mis bocinas, y no me puse mis sandalias, bajando sólo en calcetines.

Abrí la puerta del cuarto de mi papá para despertarlo y lo vi poniéndose sus botas, y después corrí a la sala a agarrar a una de las dos perritas que tenemos y bajé corriendo las escaleras. Por momentos intento recordar si mi tía, que nos acompañaba en la casa, me gritó que no bajáramos cuando me acerqué a la puerta para salir y si yo le dije que «si». El punto es que nunca había bajado tan rápido las escaleras, por mas que haya sentido que pasé horas en ese espacio tan pequeño mientras todo el edificio retumbaba. Vivo en el tercer piso, justo a la mitad del edificio. Mis vecinos bajaron al mismo tiempo que yo, igual corriendo y dejando puertas abiertas. Salí al estacionamiento, y poco después salieron mi mamá, llorando; mi papá, asustado; y mi tía, con la otra perrita y terriblemente nerviosa. Pasó el temblor y mi mamá rompió en llanto mientras mi tía la abrazaba. Mi tía igualmente se preocupó por sus hijas y las perras estaban chillando y ladrando, como todos los perros de la unidad. El edificio de enfrente se cuarteó, y fue tan fuerte su sacudida que algunos pensaron que iba a caerse, pero no pasó a mayores.

Poco después nos dimos cuenta que nadie, excepto mi tía, se había traído las llaves de la casa. Mi papá, que siempre toma una actitud tranquila ante los temblores, como el de la semana pasada donde tardó más de tres minutos en bajar porque se puso sus botas y su chamarra mientras yo cuidaba a mi shockeada mamá, esta vez se espantó. Volví a subir al departamento por mis botas y las correas de las perras y mis llaves, mientras descubríamos que la luz se había ido y que la red celular había colapsado. Todos los de la unidad nos quedamos abajo intentando informarnos de la situación y viendo los daños a uno de los edificios. A algunos les llegaban vagas noticias a través de Whatsapp, otros pusieron la radio, y los muchos fueron por sus hijos a la escuela.

Mi tía se fue a su casa a ver a su familia, y mis papás y yo contactamos a mi hermana en Xochimilco, diciéndonos que todo estaba bien pero que no tenían luz, le recomendamos que no se moviera de donde estaba porque el transporte estaba muy lento. No sabríamos de ella hasta en la noche, cuando la red celular estuvo más estable. Mi papá contactó a su hermana y a sus conocidos. Una hora después del temblor volvió la luz y pudimos ver la magnitud del evento. Reabrí mi cuenta de facebook para informar a mis amigos de mi estado y saber de mis conocidos, enviando whatsapp a todos mis contactos. Desde entonces y durante dos días ha sido una mezcla de ver noticias en la televisión y ver publicaciones en facebook y twitter. Mi hermana regresó el miércoles en la mañana y el edificio que se cuarteó finalmente se le dio el visto bueno.

Ver toda la información en la red y el ambiente en general te hace sentir raro. Todos estamos tocados porque creo que todos aún sentimos miedo de que vuelva a temblar. Mi padre dice que sintió más fuerte este temblor que el del 85.

Se suponía que tenía que presentar una ponencia el jueves en la mañana, y aún en la tarde del martes el coordinador creía que el coloquio tendría lugar sin mayores contratiempos que el de recorrer las presentaciones un día. Al final no hubo más que suspender todo. Una amiga de mi padre llevaba organizando un ciclo de cine en el CENART desde hace meses y se tuvo que cancelar porque el edificio en cuestión se comprometió. Iba a dar un pequeño recital junto con mi hermana en una pequeña escuela el sábado y al final se tuvo que posponer por el ambiente tan trágico de esta semana. Tenía planeado ir a Aguascalientes el siguiente fin de semana pero ya no tengo ganas de ir. Sólo un evento con unas niñas de un refugio que será el siguiente sábado no se pospuso.

El sábado es mi cumpleaños número 24. Todo es raro y es una mezcla de horror por la experiencia del terremoto y la alegría de ver a toda una ciudad y todo un país movilizarse. Siempre leo de todo y sabía que llegaría el día en que me toparía con el gran terremoto de la centuria. Desde hace un año no dejaba de pensar cómo sería esa experiencia. Si me agarraría en la calle o en casa, si me daría tiempo de salvar a mis gerbos. Desde el terremoto de Haití en 2010 armé una mochila con lo necesario en caso de emergencia y salir corriendo. Y el martes ni siquiera pude agarrarla. Pero sucedió como tenía que suceder cuando uno se prepara de manera excepcional: me cayó de sorpresa y sin preparación. Sólo he ayudado a guardar víveres y no he ido a las zonas de desastre en la ciudad, zonas que frecuento bastante. Por hoy me interesa seguir con mi tesis y esperar que mi cumpleaños me distraiga de tantas emociones. Soy alguien impresionable y ansioso, pero me llamó la atención que no perdí el control durante el temblor y que, hasta hoy 22 de septiembre, no he tenido pesadillas.

¿Dónde estaba?