Carlos Luján Aldana – Estación Culhuacán

Quién: Carlos Luján Aldana

Dónde vive: Tláhuac

¿Qué nos cuenta?

Ese día Dios quiso que, justo cuando ocurrió el terremoto, me encontrara en el metro de la línea 12, en un tramo elevado, casi al llegar a la estación culhuacán. Momentos antes, diversas circunstancias provocaron que fuera yo un poco retrasado para llegar a mi destino. Generalmente no tomo esa línea, a pesar de que vivo cerca de la estación nopalera, debido a los narcobloqueos que meses antes se suscitaron ahí.

En fin, todo parecía normal hasta que escucho sonar la alerta sísmica, momento en que el convoy detiene inmediatamente la marcha, y casi automáticamente (al menos así lo sentí yo), comienza a moverse el tren de un lado a otro de forma muy brusca. Yo estaba parado, pero tranquilo. Años antes vi las obras de construcción de la línea y me parecía que los cimientos estaban bien. «Esto se siente feo, pero no se cae», pensé. Y así fue. Sin embargo, una señora grande que estaba sentada frente a mí entró en una crisis nerviosa, y entre varios la tranquilizamos. Dos estaciones antes le había cedido el asiento.

No pensé en un principio que la situación fuera tan grave. Estuvimos como una hora ahí dentro, hasta que nos dieron la orden de evacuar y caminar por las vías hasta la estación, la cual se encontraba ya a pocos metros de distancia. Mientras estuvimos ahí dentro, un señor puso el radio en altavoz y me enteré de la magnitud del temblor y escuché rumores sobre derrumbes en diversos puntos de la ciudad. También varias personas hablaban de la suspensión de clases. En ese momento comprendí la gravedad del asunto. Estuve inquieto ante la incertidumbre de no saber qué había pasado afuera y cómo estaba mi familia, aunque alrededor todo se veía bien. Este escenario tuvo como fondo el huapango de Moncayo, que se escuchaba en las bocinas de los vagones.

Una vez que ya estaba en tierra, decidí regresar a mi casa y caminé sobre Av. Tláhuac, dado que el transporte público ya estaba saturado y los taxis llenos. Durante mi trayecto, presencié múltiples muestras de solidaridad por parte de personas que transportaban gente en sus camionetas, tráilers y hasta camiones repartidores. Consideré prudente dejar que las personas vulnerables abordaran esas unidades. Cuando llegué a la zona de Lomas Estrella, vi una multitud, me acerqué y vi un edificio severamente dañado. Pensé en ayudar, pero no me había comunicado aún con mi mamá y mi hermano, por lo que continué con mi camino. Después hice contacto con ellos, y con el resto de mi familia y amigos. Al llegar a periférico, vi el tráfico y los transportes menos congestionados, y finalmente abordé un microbús que me llevó a casa.

Hasta el momento, no he acudido a un centro de apoyo, aunque no descarto hacerlo más adelante. Hoy, prefiero estar junto a mi familia, dado que le preocupa que suceda otro siniestro sin que estemos juntos. Además, creo que la ayuda será más necesaria conforme pasen los días. Definitivamente esta ciudad no será la misma después de todo lo que ha ocurrido: un nuevo terremoto (ahora político) está por sacudir a México, seguramente con mayores efectos. La tragedia ha mostrado lo mejor y lo peor de muchas personas, de los mexicanos. Es indispensable una estrategia que nos permita superar esta prueba, el camino apenas comienza.

¿Dónde estaba?