Ana Laura Torres Hernández – Centro Histórico

Quién: Ana Laura Torres Hernández

Dónde vive: Álvaro Obregón

Qué nos cuenta:

El martes 19 de septiembre a las 13:14 estaba justo afuera del Museo Nacional de las Culturas sobre la calle de Moneda, porque iba a empezar una visita guiada a la que acudí. En ese momento inició a sonar la alarma sísmica y fue impresionante el silencio que se hizo entre caminantes y vendedores. Muy en el inicio fue el desconcierto al suponer que era una mala broma o un error luego del macro simulacro —que se efectuó ese mismo día a las 11 hrs—, pero muy rápido nos percatamos de que no era así. Las personas del grupo que iba a la visita guiada nos tomamos de las manos para no perder la estabilidad ante la fuerza del movimiento de la tierra y desde ahí pude observar cómo se desprendían cosas de la portada de la Catedral. Algo que reconozco hasta hoy es que la gente de manera ordenada se replegó y permaneció alerta y solidaria a pesar de la emblemática fecha que muchos vivieron décadas atrás en el 85. Cuando cesó el movimiento permanecimos ahí y tratamos de comunicarnos con nuestros familiares. Yo en primer lugar con mi pareja, quien venía en metro para alcanzarme a la visita guiada. Fueron momentos muy complicados por la falta de información y de red, al tiempo supe que logró salir del metro Chabacano a tiempo y corrió a la calle, desde donde vendría caminando a alcanzarme. Sólo al paso del tiempo, al salir del primer cuadro del centro hacia la Alameda Central, —lugar donde me encontraría con mi pareja— dimensioné la gravedad del asunto pues sobre Tacuba hubo varias grietas y desgajes de piedras, el sonar de las ambulancias y las patrullas y los mares de gente me impresionaron mucho. Por la falta de electricidad y transporte no pude salir del centro sino hasta las 6 de la tarde, momento en que nos aventuramos a tomar el metro en dirección a Universidad para bajar en Zapata. De camino a casa vimos la colonia del Valle con graves afectaciones y luego las noticias confirmaron varios derrumbes, muertos y lo que se vivía en Morelos y Puebla. El día siguiente realicé varios donativos, me mantuve informada y alerta pues hasta el día de hoy el sonido de la alarma sísmica me estremece. Esta experiencia me hizo aprender que a un simulacro se le debe tomar muy en serio pues puede ser cosa de segundos la diferencia entre estar sentado frente al ordenador relatando tu historia y no haber salido ileso para contarla.

¿Dónde estaba?