Nahui Ollin Campos – FES-Acatlán

 

Quién: Nahui Ollin Campos

Dónde vive: Naucalpan

¿Qué nos cuenta?

19 de septiembre de 2017. 11:30 am.

FES-Acatlán, Sala de cómputo.

«Chicos, ya no hay cupo en la sala de cómputo, será para el próximo jueves» nos dijo la profesora de seminario y nos vimos obligados a movernos. Pues total, nos dijimos, hace falta ponernos al día.

Tengo 20 años y creí escuchando las historias de mis abuelos y de mis padres acerca del temblor del 85, «pinches patrañas», decía y no volvía a reflexionar en ello, mi mente inexperta en éste tipo de experiencias no alcanzaba a imaginar tales anécdotas. Aquella mañana del 19 de diciembre de 2017, por una coincidencia del destino, dos amigos y yo no entramos a la sala de cómputo a tomar clase, tuvimos que irnos a tumbar por ahí a conversar, al aire libre y por supuesto que tocamos el tema del terremoto del 85, del pinche simulacro inútil de aquella mañana y de lo tardados y engorrosos que eran.

19 de septiembre de 2017. 13:14 pm.

FES-Acatlán, Jardines de idiomas.

De pronto la conversación se vio interrumpida por un silencio y los tres mirándonos incrédulos, con risillas nerviosas y chistes para guardar la calma. «¿está temblando?» preguntamos lo obvio mientras nos levantábamos y caminábamos disimuladamente hacia la zona segura, pero todo empeoró, cuando nos levantamos escuchamos los vidrios del edificio de idiomas, estaban a punto de romperse y adentro las secretarias y los alumnos gritaron, nosotros aceleramos el paso. «no mames, wey, chíngale… chíngale, pendejo» nos gritábamos entre los tres al tiempo que nos arreábamos para llegar rápido a la zona segura.

Nos costaba caminar, perdimos incluso el equilibrio y la tierra rugía bajo nuestros pies y de pronto, tal como empezó, se detuvo… silencio.

Todos comenzamos a llamar a nuestros seres queridos, las líneas saturadas, yo con un ataque de asma y la presión que bajó. Solo queríamos contactar con nuestras familias.

Protección Civil nos desalojó del plantel que dizque por precaución. Nosotros tres caminamos a la cafetería más cercana, íbamos riendo, bromeando, buscando en twitter la magnitud del sismo: «Mira, wey, que dizque de 7.1… ‘tán pendejos, si se sintió más fuerte que el de hace dos semanas». Al llegar a la cafetería aún no podíamos comunicarnos con nuestras familias, cuando tomamos asiento vimos las noticias y la historia de mi abuelo, de los abuelos de mis amigos, se repitió en nosotros, viendo las desgarradoras imágenes de los edificios colapsando o los tanques de gas que explotaban… «contesta, chingada madre», y a más pasaban los minutos, más nos preocupábamos.

Afortunadamente todos estaban bien… pero ¿cuántos no?

¿Dónde estaba?