Luis Miguel Albarrán – Colonia del Valle

Quién: Luis Miguel Albarrán

Dónde vive: Colonia del Valle

¿Qué nos cuenta?

Estaba en el agua. Todavía lo pienso y ya me da risa por lo extraño. Estaba en una alberca y el baile violento del agua me confundió mucho, no entendía qué pasaba. Salí como pude, como toda la ciudad, a tropezones. En la calle, las caras tenían un un miedo que me parecía muy conocido, eran las caras que mi abuela y mi madre ponían en cada temblor, por más pequeño que fuera. Ahora entiendo por qué ese miedo, ellas habían vivido el 85, yo no. En cuestión de horas lo entendí todo, ahora ya sé cómo es la cara del memento mori colectivo. Fui a mi departamento y me encontré con que una parte de la fachada del edifico se había caído. Aquellos cuyo departamento estaba más cercanos a la calle ya no pudieron volver a habitarlos. La puerta de la entrada se había doblado. Sentí algo que nunca había sentido: que mi casa me repelía, que sus paredes eran hostiles. Eso nunca se me olvidará. Entré a mi departamento, que está al fondo de la torre y vi las cuarteaduras rápido, no entendía si había peligro; desafortunadamente no tuve opción, me tuve que ir muy rápido a trabajar. Aunque no soy periodista, mi trabajo está en los medios y a partir de ese momento ya no descansaría bien. Salí a las calles en la Roma y la Condesa a tratar de traer fotos e información a mi redacción. La red de celulares estaba colapsada y la gente no sabía el grado del desastre, volvimos a la radio, a la tele, traicioneros aliados. Con las horas, el internet volvía y tuve un lugar privilegiado para ver miles de reacciones en redes. Vi también una desesperación también por ayudar y una solidaridad que no conocía entre mis pares. Los héroes fueron los que corrieron a ayudar sin miramientos, y esas historias son preciosas, aún queda la tarea de procesar esa intervención, analizarla, reivindicarla frente a un estado rebasado. Sin embargo, honestamente, lo más impresionante para mí fue la organización digital, con todo y aquello de los fake news. Vi mapas colaborativos de incidentes, edificios, tipos de suelo, de necesidades y de historias. Mapas y más mapas, hechos en colaboraciones rápidas que si bien no movieron escombros, ayudaron a esclarecer la magnitud de los daños y, sobre todo, traer algo de tranquilidad a quien se podía. Esa noche no dormí en mi casa pero debía volver. supe que protección civil dio una respuesta rápida y nada clara, algo parecido a “hay peligro, pero se debe hacer una revisión profunda para saber cuánto”. La noche que volví a mi departamento me enteré de que la mitad de las familias de mi edificio había decidido irse, mis roomies también. Estaba solo y tenía miedo, tocaba las grietas como haciéndoles preguntas con los dedos, esperando que me respondieran que resistirían. Me fui a la cama. Todos mi amigos insistían que que me fuera. No crean, no soy necio, pero pensé “cuándo volveré entonces, si sé que el análisis científico de mi edificio tardará semanas”. Quería obligar a la normalidad a que volviera. Hoy duermo con miedo, buscando esa normalidad, aprendiendo a vivir entre lo roto como miles de personas a mi alrededor, tratando de no perder el aliento nadando entre edificio rotos y desvelos imparables. Qué risa, cuando todo comenzó, yo estaba en el agua.

¿Dónde estaba?