Laura Fuentes – Romero de Terreros

Quién: Laura Fuentes

Dónde vive: Coyoacán

Qué nos cuenta:

El día del sismo estaba en la oficina. Mi oficina es una de las que están en las esquinas del edificio en un 2do piso así que tardo un poco siempre en enterarme de que pasa en el resto del piso. Sin embargo, cuando empezó a temblar se oyó un tronido fuerte y gritos de «¡sí, es de verdad!»
Me paré de la silla, tomé mi celular y salí corriendo a las escaleras donde ya había mucha gente bajando. Se oían gritos y una compañera me estaba agarrando de la blusa mientras gritaba «¡no corran!» Me parecieron eternos esos segundos en las escaleras porque todxs quienes bajábamos éramos sacudidos por el movimiento. Además no lo recuerdo bien pero la luz se fue y comenzó a caer yeso de las paredes. Al fin fuera se veía a otros grupos de personas saliendo de los demás edificios. Ubique a mis compañeras de trabajo y podía ver las caras de consternación y desconcierto. Algunas nos abrazamos. Desde que estaba bajando las escaleras intenté contactar a mi hermana menor. Porque es la que siempre contesta más rápido. Después de unos minutos sin señal ni Internet empezaba a asustarme porque no sabía cuál había sido la magnitud ni como estaban otras zonas de la ciudad. Había personas fumando cerca y por alguna razón decidí ir a decirles que apagaran los cigarros porque había escuchado que probablemente había fuga de gas. Cuando por fin pudo entrar una llamada hablé con mi papá que con tono muy calmado me dijo que estaba con mi otra hermana y mi abuelita. Me escuchó con tranquilidad y luego me dijo que aún no sabía nada de mi hermana menor ni de mi mamá que estaba en Oaxaca. Nos dividimos y yo seguí intentando llamar a mi mamá y él a mi hermana. Cuando por fin tuvimos noticias de ambas fue como si mis pulmones pudieran respirar de nuevo. Veía a otras compañeras que no podían comunicarse y me sentía mal por ellas pero aliviada de que ahora que sabía que mi familia estaba bien podía ponerme a ayudar.
Nos dijeron que subiéramos a la oficinas por nuestras cosas. Tardaron un poco en organizarnos pero cuando por fin pude subir la sensación fue de devastación. Las oficinas a oscuras. Los plafones caídos. En mi oficina no se veía nada así que salí a pedir una lámpara y saqué mi bolsa y mi suéter. Por un reflejo regresé a agarrar mi cargador (es USB y hasta ahora me ha sido útil porque puedo conectar!o en los coches). Una amiga se ofreció a llevarnos en su coche. Todo fluía en cámara lenta y a los celulares comenzaron a llegar mensajes, noticias. Las primeras imágenes de derrumbes. Con cada nueva información las que veníamos en el coche nos sorprendimos más. Mis compañeras tenían planes específicos: ir por sus hijas, por sus familias… yo no tenía ninguno en concreto. Mi familia está lejos pero bien. Y mis contactos cercanos también.
Tardamos mucho pero fuimos llegando y pasando cerca del centro de Coyoacán. En el camino, un coche que venía al lado quedo muy cerca y los niños que venían en los asientos traseros comenzaron a platicar con la compañera que venía de copiloto. Esos minutos de conversación inocente me devolvieron a la realidad. Cuando más noticias de edificios y derrumbes e incendios sobre Coapa llegaron, mi amiga que iba manejando decidió ir para allá ya que ahí vivía su mamá y no tenía noticias de ella. Yo entonces me ofrecí a ir a Ermita para sacar a su perrita del departamento ya que se había quedado sola y ningún vecino tenía llave para sacarla.
Me bajé del coche cerca de la Conchita y atravesé el centro de Coyoacán a pie. No había grandes destrozos materiales pero si mucha gente caminando hablando por celular. Por Miguel Hidalgo seguí hasta Division. Ahí encontré muchísima más gente a pie, el tráfico imposible y más sirenas de ambulancias de las que jamás recuerde haber oído juntas. Había gente en los oxxos y farmacias comprando agua.
Por fin tome un micro hacia Ermita. Era surreal subirse a un micro. Uno de esos actos cotidianos que no se sentían normales. La gente iba en silencio. Casi llegando a Ermita, a unas 5 cuadras se veian calles acordonadas. Una chica empezó a llorar y a preguntar por qué. Nadie le hizo caso, su acompañante solo le dijo que se calmara. Me pareció increíble así que trate de tomarle la mano y calmarla. Aunque no reaccionó porque estaba en shock. Yo también tenía ganas de llorar. Pero como aún no llegaba sentia que necesitaba enfocarme. Al fin, llegando a Ermita vi sobre Tlalpan muchísima gente caminando. Cómo no había forma más rápida cruce por el paso a desnivel. 2 minutos en un túnel oscuro que intente cruzar casi corriendo. Del otro lado seguí caminando hacia Churubusco. Más gente y más tráfico. La pila del celular se me agotaba y aunque sabía la calle y más o menos como llegar no estaba segura. Confíe en mi instinto y en mis recuerdos y logré llegar a la calle correcta. Tenía las llaves del edificio y departamento de mi amiga (en total eran como 5 y había algunas parecidas entre sí). Pero no sabía cuál era cuál. Sin embargo algo extraño sucedió. Al primer intento le atine a todas las llaves.
Mi amiga vive en un segundo piso. No se oía si había gente en los departamentos y aunque la estructura en general parecía estar bien había algunas grietas en las escaleras. La perrita de mi amiga estaba bien pero no podía salir de la recamara porque se había caído un mueble con discos que ella no podía pasar porque tiene las patas cortas. La tomé y busqué su correa y pechera. Ella seguía chillando mientras yo cerraba de nuevo la puerta. Cuando al fin la cargué para salir del edificio se calmó (y me ayudó a calmarme también). Ahora el problema era que no tenía pila y no sabía cómo iba regresar a mi casa. Sobre Churubusco seguía pasando gente a pie y carros repletos de gente que se agarraba de donde podía. Me acerqué a un café internet en la esquina y pregunte si había luz. No, pero tenían una computadora con pila donde estaban poniendo a cargar celulares. Me ofrecieron una silla y me senté con la perrita en las piernas. Me ofrecieron galletas y agua. Yo no había tomado nota de mi cansancio pero en ese momento agradeciendo mucho la amabilidad de esas personas. Hablaban entre ellas y me preguntaban. Así me fui enterando de los cortes de luz, de los derrumbes en la Condesa. Del multifamiliar de Tlalpan. Todo parecía irreal. Afuera había unos niños jugando avioncito. Una niña se acercó y empezó a hacerle cariños a la perrita y a platicarme. Eso también me distrajo.
Mi celular cargo poco pero pude prenderlo y anotar los números de mi familia y mi amiga. Las personas del internet comenzaron a sacar sus cosas para irse así que me despedí de ellas, les agradecí y regresé al edificio se mi amiga. Toqué en los departamentos por si había alguien y una señora me abrió. Conocía a la perrita y a su dueña así que cuando le expliqué se ofreció a enviar un mensaje por whats al grupo de los vecinos de ese edificio para que ella se enterará que yo estaba aquí y su perrita tambien. Subí al departamento de mi amiga y como me dolía la cabeza me tomé un antigripal y me dispuse a esperar. Varias cosas se habían caído de los estantes así que levante algunas. Sobre todo para poder pasar libremente y también para que la perrita no se lastimara con un vidrio. Mi amiga llegó una media hora después . Dijo que había encontrado a su mamá bien pero confirmó que Coapa era un caos. Nos fuimos en el coche con su cuñada y la perrita. Ellas iban a quedarse en Coapa y me dejaron sobre Tlalpan cerca de donde podía caminar hacia Coyoacán de nuevo. Había un tráfico interminable y el aire parecía lleno de tierra. Gente en bicis, motos, caminando. Más sirenas. Camine de nuevo cruzando Coyoacán y sobre División me di cuenta que la gente había empezado a organizarse para dirigir el tráfico. Cómo había cargado en el auto mi celular un poco comencé a enviar y recibir mensajes de más gente que aseguraba que estaba bien. Llegué a mi departamento y vi que los edificios y la zona estaban bien. Uno de mis roomies ya me había confirmado que todo estaba en orden. Cuando llegué al departamento solo estaban él y un amigo de él (somos 4 roomies en ese departamento pero los otros dos estaban fuera desde hacía varios días). Ya en casa me dediqué a enviar mensajes de voz, checar redes. Organizarme con amigos. Mi sensación era que quería hacer algo pero no sabía bien qué. El antigripal surtió efecto y medio dormí esa noche. Aunque dejé la puerta abierta porque me sentía insegura.