Raquel González Franco – Los Reyes, Coyoacán

Quién: Raquel González Franco

Dónde vive: Los Reyes, Coyoacán

Qué nos cuenta:

Estaba en mi cuarto, leyendo cosas en mi computadora, cuando lo empecé a sentir. Me asusté mucho y por un segundo no supe como reaccionar. Vivo en un tercer piso, pero para poder salir del edificio hay 2 puertas medio complicadas de abrir (sin contar la de mi departamento, que no es difícil). Después del temblor pasado (el del 7 de septiembre) mis primos, que su papá es Topo desde hace muchos años, nos explicaron que lo que hay que hacer es ponerse entre dos muebles grandes (como la cama y un escritorio, por ejemplo), hechos bolita, protegiendo la nuca con las manos y con un celular a la mano. Así que eso hice, el problema es que no supe dónde ponerme. Habíamos dicho que en el cuarto de mi hermano era el mejor lugar, pero para cuando me decidí ya estaba temblando tan fuerte que sólo me eché al piso, a lado de mi cama.

Escuchaba las puertas golpearse, y varias cosas caerse. Sentí que duraba una eternidad y juré que ahí había quedado (soy medio catastrófica a veces). Cuando se detuvo, de volada me salí corriendo de mi edificio, y me di cuenta que era la única persona que estaba ahí, no había nadie más de mis vecinos del edificio. Estaba medio desorientada, sin saber qué hacer, alcancé a mandar un mensaje de voz a mi familia para decirles que estaba bien y afuera. Y mi papá para avisar que iba de regreso (se había ido a cortar el pelo), antes de que se fuera por completo la señal y, con ella, mi internet. Me empecé a preocupar mucho por mi hermano, porque el lugar donde él estaba tiene un techo de vidrio (o eso pensaba yo, resulta que es de plástico) y no mandó ningún mensaje. Justo estaba en eso y de no saber si caminar hacia donde estaba mi papá y encontrarlo en el camino, o si lo esperaba, cuando vi a mi hermano, al poco rato llegó mi papá. Poco a poco fui sabiendo de mis seres queridos, y que estaban bien. Pero sin luz y sin señal costaba mucho enterarse de la magnitud de lo ocurrido. Nos fuimos enterando a cuenta gotas.

Estos días han sido una mezcla muy intensa de emociones encontradas: de felicidad de saber que estoy bien, y también mis personas queridas; de dolor y de tristeza por los que no corrieron con mi misma suerte, con admiración y conmovida por la solidaridad y apoyo que se ha sentido, con enojo por lo que se han aprovechado de mala manera, y porque ni siquiera debería de haber pasado. Con la frustración e impotencia de sentir que no estoy haciendo suficiente.

¿Dónde estaba?