Miroslava – Ciudad Universitaria

Quién: Miroslava
Dónde vive: Santo Domingo
¿Qué nos cuenta?
Cuando tembló estaba adentro de un edificio por la facultad de medicina en CU y sentí que el suelo se movía, pero como no sonó la alarma sísmica concluí que no estaba temblando, fue muy estúpido de mi parte, creo que soy mitad robot. Alguien más dijo que estaba temblando y que saliéramos, así que obedecí. Estando afuera del edificio me comuniqué lo más pronto posible con mi madre porque sabía que la noticia la pondría histérica, luego mandé mensajes preguntando a mis seres queridos cómo estaban. Las personas a mi alrededor estaban muy nerviosas a pesar de que estábamos en una zona segura, eso no tenía sentido para mí. Esperé 15 min y me fui a comer, de ahí fui al Prometeo en la Facultad de Ciencias, Ricardo (uno de mis mejores amigos y vecino) estaba allá con otros de mis amigos. Me dió gusto verlos a todos reunidos y me puse eufórica, recuerdo que dije que fuéramos a «festejar el temblor con alitas». Así como se «festejan» los huracanes y tormentas en mi ciudad natal: normalmente las clases se suspenden y las personas salen temprano del trabajo, mi mamá prepara hot cakes, tomamos café, y estamos en familia. Si se va la luz prendemos velas y eso agrega algo de magia al ambiente. Nunca nos pasa nada grave, por lo que estamos alerta pero no en pánico. No estaba tan asustada por el centro de la ciudad, pues la semana pasada se había sentido el temblor en Santo Domingo y pensé que los edificios del centro estarían hechos pomada, sin embargo no fue así y extrapolé que en este temblor la historia sería similar. Llegaron los videos de edificios colapsados y empecé a estresarme porque no tenía una maleta con mis identificaciones ni provisiones, a pesar de que me había prometido hacerla en el temblor de la semana pasada. Quería llegar lo más pronto a mi casa para revisar que no tuviera daños estructurales y si los tenía, buscar refugio lo más temprano posible. Fui a mi casa y afortunadamente no tenía daños. Al rato llegó Ricardo y subí a su casa, tenían cerveza y música, ésta última estaba “muy alta” y sólo quería que la apagaran. Sentados a la mesa, cuando alguien apoyaba un vaso y se movía, pensaba que estaba temblando. Llegaron Liz y Héctor (roomies de Ricardo), y nos miraron con desaprobación por la cerveza. Hablé con ellos y les pedí que me contaran cómo habían vivido el sismo. Mientras hablábamos estaba sentada en su cama junto con Liz y cuando Liz se movía pensaba que estaba temblando. Llegó la tarde y mis vecinos ya tenían planeado ir a ayudar en la UNAM, yo aún estaba indecisa, no es mi fuerte procesar las cosas tan rápido. Antes de irse al estadio olímpico, los acompañé a cenar y a pesar de estar llena comí de nuevo, estuve comiendo por estrés y ansiedad. En medio del ruido de la calle, las noticias en la taquería y un señor tocando la guitarra, me puse más nerviosa y decidí no ir. Volví a casa y hablé con Rubén (mi roomie), que llegaba de ayudar en una de las primarias colapsadas, él estaba muy perturbado y confirmó mis sospechas: las escenas que rodean a un edificio colapsado son duras, al pobre se le quebraba la voz cuando hablábamos. Había información por todas partes, intenté alejarme de ella y relajarme. Logré conciliar el sueño, pero soñaba que temblaba y me desperté muchas veces. Como no podía dormir, me paré a las 4 de la mañana. Quise ayudar de alguna forma, así que guisé frijoles e hice chocolate para los brigadistas. Le dí algunas cosas a Rubén, que ya se iba a ayudar. Terminé de preparar el chocolate y fui a entregar el resto, ese ha sido el chocolate que mejor me ha quedado. En el camino compré plátanos y tortillas. Fue lo único que encontré abierto a las 6:30 am. Al llegar al estadio, me dijeron que necesitaban medicamento para niños. Fui a una farmacia por el metrobús Doctor Gálvez y compré todo lo que pude, y lo llevé de regreso. De ahí me fui a dormir, los temblores imaginarios han desaparecido y trato de continuar con mi vida.

¿Dónde estaba?