Diana
 Meléndez Rojas – Insurgentes Norte

Quién: Diana
 Meléndez Rojas
Dónde vive: Gustavo A. Madero, al norte de la Ciudad de México

¿Qué nos cuenta?
Soy una mujer de 50 años, con dos enfermedades crónicas degenerativas. Esclerosis bilateral localizada y Artritis ( entre otras más que padezco desde los 16 años, la edad en que tuve a mi hijo) Soy sexóloga, activista por los DDHH de la comunidad LGBTTTI y trabajo con mujeres y niñas sobrevivientes de violencias sexuales. Ese día me encontraba en cama, pues me reponía de una bronquitis. La próxima semana haría el viaje de mi vida. Saldría a Nueva Zelanda con una amiga y tenía que guardar reposo para estar al 💯, ya que mi sistema inmunológico siempre está débil y necesito tener algunos cuidados extras. Tengo a espaldas de la Unidad Habitacional donde vivo, una zona de escuelas, desde preescolar hasta secundaria y sabía que se haría el Simulacro Conmemorativo. Cuando todo inicio, me encontraba terminando de leer un libro sobre historias de vida de personas Trans que comentaría el sábado 23 de septiembre. De pronto, pensé que me había mareado, pues también padezco Síndrome de Meniere. Vivo en un quinto piso en un edificio sin elevadores. En unos segundos me percaté que estaba temblando. Generalmente soy una mujer muy tranquila que guarda la calma en ese tipo de circunstancias. Pero al escuchar que en mi departamento se caían y rompían cosas, las puertas empezaron a azotarse, el edificio crujía, en la calle gritos y llanto, el ladrar incesante de los perros aterrados, ni siquiera pensé en bajar. Jamás me daría tiempo. Ni siquiera rodar bajo la cama. Sólo me recargue en la cabecera y pensé en mi hijo. No había otro pensamiento en mi mente, sólo «Dios cuida a mi hijo, Dios cuida a mi hijo, Dios cuida a mi hijo»…durante los casi dos minutos. Después todo se calmó y me levanté a recoger mis jarrones, vasos, lámparas y adornos rotos. Puse orden en la otra habitación y cuando terminé,mire por la ventana. Sonó el teléfono, era mi esposo muy preocupado por mi. Le dije que todo estaba bien. Me puse un pans, tome los documentos importantes, identificaciones y dinero. Baje con calma las escaleras, esperando verlas destrozadas, pero todo estaba bien. Nada parecía anormal, sólo jarrones y macetas rotas en los pasillos. Mis vecinos ( a quienes casi no conozco) algunos estaban allí, en el estacionamiento. Me senté junto a ellas y empezamos a platicar. No había forma de llamar a NADIE, los teléfonos y la luz inservibles. Estas horas después del terremoto, me hicieron darme cuenta que en unos segundos pude estar muerta. He peleado mucho por sobrevivir más de una vez que he estado a punto de morir y no era justo. Soy infinitamente afortunada. No he perdido a ningún ser amado pero no me podido dejar de llorar por todas las demás personas que no tuvieron mi suerte. Tengo Fibromialgia también y el dolor físico, hoy 21 de septiembre no me permite casi moverme, pero ayer si pude cooperar en un Centro de acopio. Mi hijo no ha parado de apoyar desde el día 19 y yo desde las redes, compartiendo información útil. Ver las muestras de apoyo incondicional,me estrujan el alma y me hacen dar GRACIAS A DIOS y ala vida por esta nueva oportunidad.

¿Dónde estaba?