Valeria HM – Villa Coapa

Quién: Valeria HM

Dónde vive: Villa Coapa

¿Qué nos cuenta?

El día del terremoto estaba sola en mi casa, en la cocina. Mi perro estaba a mi lado, atrapando toda la comida que tiraba por accidente. De repente, sentí un jalón que me hizo chocar contra la pared. Inmediatamente, me agaché para cargar a mi perro y me dirigí hacia la puerta principal. Hasta ese momento, empezó a sonar la alerta sísmica. Llegué a la puerta, pero no podía abrirla. Apenas podía mantenerme de pie cuando finalmente logré abrirla. Pateé una bocina que bloqueaba mi paso (hasta después razoné que ya empezaban a caerse las cosas) y salí a mi andador, con mi perro de un lado y mis llaves del otro. Muchos vecinos estaban ahí, la mitad teniendo crisis de ansiedad, y la mitad apoyando a los que podían. Nos reunimos todos en un sólo punto. No había dejado de temblar aún cuando decidí ir a buscar a mis abuelitos, que viven a dos casas de la mía. Un vecino me gritó que me quedara con los demás y que él iba a checar si estaban o no. Afortunadamente no estaban ahí, y cuando después de varias horas logré comunicarme con ellos, todos estaban bien. Los únicos daños en mi casa fueron la alacena y el librero, que se cayeron. Toda mi familia (padres, hermana, abuelos, tíos y primos) quedamos de reunirnos en casa de mis abuelitos. Estuve incomunicada por tres horas, hasta que mi hermana, estudiante de medicina, llegó a la casa, y me dijo que todos estaban bien, pero que ella iba a ir a apoyar a un conjunto de edificios que se habían caído. Hasta ese momento me percaté de lo fuerte que había sido, y los destrozos que habían quedado. Por la noche, mis papás y yo fuimos a dejar material de curación para los mismos edificios a los que asistió mi hermana, pero ya no dejaban pasar más voluntarios. Eso sí, fue muy emotivo e inspirador ver a tantos civiles apoyando, corriendo de un lado al otro con carritos del súper, llevando agua, comida, y materiales de curación de un lado al otro. Como pudieron, ellos organizaron un sistema en el que podían administrar el paso de los vehículos de construcción y emergencias, bloquear el paso de personas innecesarias, y organizar las donaciones. Las comunicaciones estuvieron funcionando intermitentemente. Afortunadamente, logré localizar a mi novio, amigos y familiares, y ninguno se encontraba en peligro. Durante la noche no pude dormir, porque cada ruido que escuchaba, se parecía a la alerta sísmica. Cada soplido de viento me hacía creer que un edificio se estaba cayendo. Hoy me siento más segura y más preparada. Me siento feliz y emocionada de ver que hay tanta gente ayudando, que ya no caben más en las zonas afectadas. Me siento enojada porque hay personas que aprovechan los peores momentos para hacer rapiñas y robos, pero me inspira saber que los buenos somos más. Me siento como si me ahogara cuando escucho reportes de la escuela que se derrumbó, el Rébsamen, que me queda a dos cuadras, y siento como un respiro fresco cada vez que notifican que lograron sacar vivo a otro niño. Me siento adolorida, estresada y tensa por todo lo que vi y viví ayer, pero me siento aliviada de que todos mis seres queridos estén bien.

¿Dónde estaba?