Andrea Martínez – Polanco

Quién: Andrea Martínez
Dónde vive: Polanco
¿Qué nos cuenta?
Primero el ruido, confundible como muchos otros «quién corre?» Es lo primero que se piensa. No cesa, se incrementa el ruido, parece mentira, hubo simulacro hace dos horas. «Todos afuera!» Otra vez, está vez, va en serio. Y nunca estamos listos, pero hoy, de todos los días es inevitable pensar «por favor, no me quiero morir así». Las escaleras se mueven, hay un silencio tenso, las miradas de pánico. Se siente la adrenalina y un miedo como ningún otro, «la temblorina» le dicen aparentemente. Hoy sé que no se refieren al movimiento de la tierra, sino a como queda uno después de sentirlo. La confusión reina, incluso una hora después, la gente tiende miradas tensas, perdidas, pero solidarias. «Estás sola? Estás bien?» Me pregunta una señora mientras yo pienso, «pero yo soy la que quería ayudar», la gente confía en otros, la confusión sigue reinando. Se escuchan helicópteros, la gente camina confundida en la calle, siguen los sonidos de ambulancias, patrullas, radios frenéticos de vez en cuando. ¿Qué está pasando? Te debates entre querer saber qué pasó o mejor ignorar lo que podría estar pasando. La temblorina no para. Han pasado cuatro horas, la temblorina es más llevadera, ya se ven sonrisas, pero la cuenta de pérdidas sigue subiendo. Hay más calma, pero las miradas a los teléfonos no paran, siguen colapsándose edificios, sigue latiendo fuerte el corazón voluntario. Y nunca había sentido esto, es una confusión extraña, una sensación de alerta que no se relaja. Han pasado 8 horas y mis ojos han visto cosas increíbles. Desde derrumbes que parten el corazón, hasta héroes cargando cajas de agua, héroes en motos y el grito «Si se puede» mientras sacan un coche cargando desde los escombros. El amor es mucho, la ayuda no se hace esperar, hay cadenas humanas ayudando a desalojar escombros y las miradas han cambiando, de confusión a deber y solidaridad. Han pasado más de 24 horas, la tensión aún es mucha y dicen por ahí que «la emergencia apenas empieza». Edificios siguen cayendo, los voluntarios son cada vez más y estamos en espera de rescatar más vidas. En las tiendas se están agotando los materiales de curación, el pan y el agua por tantos corazones solidarios que han ido a buscar cómo ayudar. «Solo que me dejen y me vuelvo a meter entre los escombros» dicen los rescatistas, la fuerza es muchísima, la ayuda no cesa, a veces nos estorbamos intentando ayudar, es difícil quedarse en casa y no estorbar, hay tantos héroes allá afuera, levantan los puños con fuerza, cantan, mantienen la fe. El proceso sigue, mantenemos la fuerza y se hace un nudo en la garganta por tantas muestras de cariño de tantas personas. Gracias por tanto mi tierra azteca y #FuerzaMéxico

¿Dónde estaba?